Favorecer la mixtura social

Guillermo Tella
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17 de mayo de 2012  

Mientras la población de la Capital se mantiene estable en 3.000.000 de habitantes desde hace décadas, existen áreas en su interior que expresan crecimientos de tipo exponencial. Tal el caso de las villas que, en condiciones extremas de precariedad e insalubridad, hoy ya albergan a más de 163.000 personas.

Constituyen una forma particular de producción del hábitat urbano, signada por la ocupación informal del suelo, una laberíntica trama circulatoria que impide el acceso a los no residentes, deficitarias condiciones habitacionales y bordes impermeables que estigmatizan y consolidan la segregación social.

No sólo crecieron en extensión, sino también en consolidación, con comercios, servicios comunitarios, escuelas, actividades culturales y espacios de deporte y recreación. Muchas de sus precarias viviendas se apiñan en altura, con improvisadas cualidades estructurales que dan cuenta de su intensa dinámica.

Ante esta tendencia, es imperioso implementar medidas que contribuyan a integrarlas al tejido urbano, social y económico de la ciudad. En tal sentido, la decisión de instalar sucursales bancarias en su interior resulta ser una importante iniciativa para propiciar tanto la inclusión de la población como su legitimación cultural.

Para ello se requerirá mejorar las condiciones deficitarias de las viviendas, recuperar las condiciones ambientales, completar la infraestructura de servicios, dotar de accesibilidad al barrio, garantizar la llegada del transporte público, proveer equipamiento comunitario, iniciar procesos de regulación dominial y favorecer la mixtura social.

Dado que casi la décima parte de la población porteña reside en villas, es impostergable consolidar un proceso gradual de recuperación en favor del acceso de esos sectores populares a un ambiente digno y sano, abierto e integrado.

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