Imaginativa aventura de letras ilustradas

Silvia Hopenhayn
Silvia Hopenhayn PARA LA NACION
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21 de diciembre de 2011  

Cuando los escritores se divierten, suelen aparecer páginas inolvidables. Una juerga de palabras que nos invitan a gozar de nuestra naturaleza humana, eminentemente simbólica. La lista es vasta y de todos los tiempos. Desde las Novelas ejemplares, de Cervantes, hasta las comedias shakespearianas, los juegos lógicos de Lewis Carroll, el non-sens de Edward Lear; o aquí mismo, los irónicos problemas de Bustos Domecq, el gusto por la farsa de Silvina Ocampo y J.R. Wilcock, la "comedieta" de Lamborghini, y ahora, a gusto y piaccere , El ABC de las microfábulas, de Luisa Valenzuela, ilustrado con felicidad y alegoría por Lorenzo Amengual.

La editorial ya es una apuesta al disfrute. Se trata de La Vaca, "un organismo sin fines de lucro, de conformación variable, destinado a financiar la edición de libros de artista mediante la noble institución de «la vaca» entre amigos". En este caso, "la vaca" se armó para solventar esta aventura de letras ilustradas que llevaron a cabo Valenzuela y Amengual. El resultado es una caja bastante grande, de bordes dorados y animales adorables. Adentro está el libro, parcelado en pliegos, cada uno correspondiente a una letra y cada letra, a la inicial de un animal. En una especie de prólogo, en pliego aparte, titulado "Macromoraleja de las microfábulas", Valenzuela explica hipotéticos orígenes del libro: "En la semiduermevela del despertar matinal empezaba yo a barajar palabras que empezaban con idéntica letra, basándolas en nombres de animales claro está, y las microfábulas se iban gestando".

Así nos encontramos en la J con Jacinta la joven jirafa de Jaipur; en la F con focas de farra; en la V con vacunos variopintos y voluntariosos o en la difícil W, con Walter, el wombat de Wellington, wagneriano, winner de watersports , entre tantos animales letrados o más bien "uniletrados". El insólito bestiario cuenta con una moraleja para cada animal, que no se guía por la letra, sino por el sentido común, al que Luisa Valenzuela respeta, trastoca y nos lo devuelve jocoso. Algunos ejemplos: para la joven jirafa que juzgan jovial, la moraleja es: "La alegría es tu mejor defensa". En el caso de los loros líricos lesionados por la lógica: "Lo que la palabra a veces parecería unir, la acción separa de un plumazo", o para la "L" de la llama que llora por llorar y lee El llano en llamas (ferozmente ilustrada bajo una lluvia torrencial), la moraleja es: "Nunca dependas de los intelectuales, por más parientes cercanos que sean".

El juego es más serio de lo que parece. A cada microfábula y su amable moraleja le corresponde un glosario, nueva forma de expandir la lengua hacia los confines del significado.

Pero las palabras no vienen solas, despiertan bicharracos de tinta que se encaraman como locos a lo largo y ancho de las páginas. Las ilustraciones de Lorenzo (Lolo) Amengual son verdaderos mapas de la imaginación de Luisa V, trazados por su propia lectura. Mapas del tesoro de la lengua cuando ésta se manifiesta gozosa.

Probablemente uno de los libros más bellos para culminar el año.

© La Nacion

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