La velocidad mata

Ariel Torres
Ariel Torres LA NACION
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10 de septiembre de 2019  

Manejo desde los 18 años. Si algo he aprendido es que existe un factor clave para reducir el número y gravedad de los accidentes de tránsito. Ese factor es la velocidad.

Por supuesto, hay otros catalizadores fatídicos, como el alcohol y la impericia. Pero la velocidad es un actor con el que no hay posibilidad alguna de negociar. Les guste o no a los egos hipertrofiados, quien gobierna el coche no es uno, sino las leyes de la física. Más velocidad significa, para empezar, mayor cantidad de energía cinética. Eso quiere decir que en el caso de un accidente, el daño será más grande. Más kilómetros por hora equivalen a más destrucción y lesiones más graves.

El tiempo de frenado es también mayor. Ir rápido y pegado al de adelante es un accidente buscando cuándo ocurrir. A mayor de velocidad, por otro lado, nuestra capacidad de reacción es insuficiente, si se presenta una situación crítica, y, por añadidura, cuanto más rápido conducimos, más impredecibles serán las reacciones del automóvil. Lo que sigue es la pérdida por completo del control y el desastre.

Si los ciudadanos de verdad queremos que las calles sean más seguras, solo tenemos que manejar más despacio. Se llega igual. Y, sobre todo, se llega.

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