Las ciudades invisibles y las ciudades reales

Pablo Gianera
Pablo Gianera LA NACION
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14 de diciembre de 2019  

La melancolía trae consigo una contemplación malsana: en lugar de ver lo que es, vemos cómo y hasta qué grado terminará desintegrándose eso que se ve. Una formulación semejante dice entrelíneas el húngaro Lászlo Földényi en Los espacios de la muerte viviente (Galaxia Gutenberg). El ensayo mínimo (menos de 70 páginas) pide ser leído como una meditación sobre la obsolescencia urbana. La ruina inevitable que está a la vuelta de la esquina de los sueños de poder que los hombres cifran en la edificación de ciudades.

Földényi empieza con el examen de Vista arquitectónica, el cuadro que Francesco Di Giorgio Martini pintó hacia 1490. Lo que se representa es una ciudad portuaria; es una ciudad perfecta, tan perfecta que no hay ningún hombre. En esa fantasmagoría inmóvil, Földényi detecta una ventana abierta. Por ahí entra la historia, y lo que era de otro mundo, se vuelve transitorio, y también humano. Pero Földényi no miró con la suficiente atención (o con lupa) la ciudad de Martini. Hay una segunda ventana abierta, más lejana. Ya no sabemos qué mal entraría por ella.

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