Las melodías favoritas del PJ y la UCR

Martín Lousteau
Martín Lousteau PARA LA NACION
El caso de YPF puso nuevamente de manifiesto la naturaleza actual de los dos partidos históricos de nuestro país
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11 de mayo de 2012  • 11:33

El tratamiento de la ley de expropiación de YPF en el Congreso puso nuevamente de manifiesto la naturaleza actual de los dos partidos históricos de nuestro país: el PJ y la UCR. El primero se mueve siempre en bloque, casi monolíticamente, aun cuando cambie bruscamente de dirección. En ese sentido, se asemeja a esos cardúmenes de pequeños peces que invierten la dirección de su nado al unísono. En cambio, el radicalismo da la sensación de tener una dinámica interna contradictoria o aleatoria a pesar de que su posición partidaria sobre ciertos temas permanezca igual a través de los años.

Si se tratara de orquestas, sería fácil caracterizar sus comportamientos
Si se tratara de orquestas, sería fácil caracterizar sus comportamientos. El peronismo tiene intérpretes variopintos, que llegan la noche de debut desordenadamente y vestidos de manera diversa. Algunos tienen instrumentos tradicionales, otros latas y cucharitas y hay hasta quienes traen consigo esos inverosímiles instrumentos de algunos luthiers que, con un inodoro logran imitar el sonido de una tuba. Sin embargo, al menor movimiento de batuta del director de turno, todos interpretan afinadamente la misma melodía, aun cuando no cuenten en los atriles individuales con la correspondiente partitura. Su repertorio es tan impredecible como incoherente: esos músicos que tocan Mozart con un líder pueden perfectamente interpretar los hits de Donald ante el cambio de director. Con una coordinación extraordinaria, y sin siquiera ruborizarse, el justicialismo puede apoyar y celebrar la privatización de una compañía como YPF para estatizarla y festejar alborozadamente la votación menos de dos décadas después.

El peronismo tiene intérpretes variopintos, que llegan la noche de debut desordenadamente y vestidos de manera diversa
El radicalismo es todo lo contrario. Un conjunto musical que aparenta estar bien balanceado, con finos instrumentos, un vestuario uniformado y todos con una partitura clásica delante. Pero apenas el director mueve su brazo...cada uno ejecuta una pieza totalmente distinta e inconexa. Así, aunque desde lo partidario hayan sostenido históricamente lo mismo respecto de la petrolera estatal, la UCR no atina a dar respuesta inequívoca y definitiva al planteo de estatización reciente.

Más llamativa aún que ambos fenómenos, parece ser la claridad con que la sociedad argentina rechaza mucho más decididamente la imagen de escasa solidez interna de los radicales que la evidente incoherencia peronista. En una entrevista dada a Le Monde antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia, Marine Le Pen, la candidata del partido de derecha FN, realizó una feroz crítica a la izquierda de su país. Sostuvo que el socialismo francés no tenía futuro porque no posee vocación de dirigir, sino que tan sólo pretende administrar la "tienda". Y que ello es inútil porque ésta ya está quebrada. Los votantes argentinos parecen tener consideraciones similares.

El peronismo merece su respeto porque dirige; y que lo haga, a veces, en una dirección y más tarde en la opuesta, pasa a un segundo plano. Del radicalismo desconfía porque, en las últimas experiencias –y más específicamente en la administración delaruísta-, ha proyectado la imagen de contentarse con tan sólo lograr la supervivencia del statu quo en lugar de intentar modificarlo.

El radicalismo es un conjunto musical que aparenta estar bien balanceado, con finos instrumentos, un vestuario uniformado y todos con una partitura clásica delante
El recorrido de nuestro país desde la recuperación de la democracia es un doloroso recordatorio de la necesidad de contar con verdaderos partidos políticos. El significativo peso que los medios de comunicación han ido adquiriendo en los últimos tiempos, intermediando entre los políticos y los ciudadanos e imponiendo la agenda coyuntural, representan una distorsión común a muchas sociedades modernas. Pero si a estos medios masivos que pueden crear candidatos y cáscaras de la noche a la mañana se les suma la debilidad actual de los partidos en Argentina se ingresa en un círculo vicioso que socava con cada nueva vuelta estas instituciones fundamentales de cualquier democracia.

Los espasmos programáticos del peronismo no son propios de un partido en su acepción y funcionamiento más tradicionales. Los argentinos hacen caso omiso de esa falencia, pero sólo porque el radicalismo revela un defecto mayor: la falta de vocación para dirigir en el rumbo previamente determinado (aunque éste diste de tener la precisión deseada). Es en interés del propio sistema, y de todos los habitantes de nuestro país, que sus líderes muestren la voluntad de tomar la batuta y extraer otra vez de la UCR una melodía clara. A esta altura de su deterioro partidario, enfrentar con éxito ese simple desafío constituiría una primera prueba de que puede recuperar las condiciones para lidiar con otros mayores.

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