Medio siglo de amistad

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21 de enero de 2013  

Durante siglos el centro del continente europeo vivió al ritmo de los enfrentamientos, las guerras, los desplazamientos de fronteras y las rivalidades entre Francia y Alemania.

Surgió el mito de una enemistad hereditaria, que sólo en el transcurso de 75 años, entre 1870 y 1945, dio lugar a tres conflictos sangrientos. Sin embargo, sobre las ruinas aún humeantes de la Segunda Guerra Mundial, el curso de la historia se invirtió. La reconciliación franco-alemana se convirtió en un estímulo para la reconstrucción de una Europa nueva y pacífica. Esa reconciliación quedó rubricada oficialmente hace cincuenta años, el 22 de enero de 1963, en París, mediante el Tratado del Elíseo, un extenso convenio sobre la cooperación y amistad franco-alemana.

En una declaración conjunta que acompaña al tratado, el presidente francés Charles de Gaulle y el canciller federal alemán Konrad Adenauer subrayaron que la reconciliación franco-alemana representa "un acontecimiento histórico que transforma profundamente las relaciones entre los dos pueblos". Y agregaron que "un fortalecimiento de la cooperación entre ambos países constituye un paso indispensable en la senda hacia una Europa unida, que es la meta de ambos pueblos".

La relación especial entre Adenauer y De Gaulle estableció una tradición de estrecha coordinación entre los sucesivos cancilleres alemanes y presidentes franceses, quienes con frecuencia desarrollaron además una amistad personal. Helmut Schmidt y Valéry Giscard d'Estaing impulsaron en la década del 70 las cumbres anuales del G-8. Sus sucesores Helmut Kohl y François Mitterrand dedicaron sus esfuerzos compartidos a la tarea de llevar a las Comunidades Europeas hacia la Unión Europea. En 1984 Kohl y Mitterrand marcaron otro hito de la reconciliación, cuando juntos en Verdún, uno de los campos de batalla más sangrientos de la Primera Guerra Mundial, recordaron a las víctimas de las guerras mundiales, y declararon: "Nos hemos reconciliado. Nos hemos comprendido. Nos hemos vuelto amigos".

Ambas naciones se convirtieron en estrechos aliados y amigos. Este aspecto fue decisivo para la unión de Europa en su primera etapa, la integración de Europa Occidental. Ya en 1950, el ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Robert Schuman, había propuesto unificar la producción de carbón y acero de ambos países. De este modo, se desterraría toda posibilidad de guerra entre Francia y Alemania. La creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, en 1953, fue el inicio de un proceso de integración europea que hoy en día continúa en el marco de la Unión Europea y que fue homenajeado con el Premio Nobel de la Paz, con el cual la UE fue galardonada el 10 de diciembre de 2012.

Sin las Comunidades Europeas -la Comunidad del Carbón y del Acero, la Comunidad de la Energía Atómica y la Comunidad Económica- el Tratado del Elíseo no hubiera sido posible. Alemania y Francia son conscientes de todo lo que debe su buena relación bilateral a la existencia de las instituciones europeas. Pero, asimismo, la amistad entre Francia y Alemania también ha llevado adelante la integración europea, primero en Europa Occidental y luego entre Europa Occidental y Europa Oriental.

La relación franco-alemana muchas veces ha sido denominada el "motor" de la integración europea. Pero esto no se debe a que ambos gobiernos tengan opiniones idénticas en todas las cuestiones: a menudo, franceses y alemanes enfrentan los problemas desde posiciones distintas, incluso opuestas. Muchas veces también los líderes políticos de ambos Estados pertenecen a partidos políticamente diferentes. No obstante, más allá de estas divergencias, prevalece siempre la voluntad política de superarlas. De tal manera, franceses y alemanes con distintas posiciones, pero con un deseo común, logran compromisos coordinados que resultan convincentes para muchos socios europeos.

También en las etapas posteriores de la integración europea y de la ampliación a 27 miembros, la voluntad común de Alemania y Francia ha contribuido a superar obstáculos y a hallar soluciones anheladas por todos los europeos. Para superar la crisis del endeudamiento en la eurozona, la canciller federal Angela Merkel y el presidente François Hollande colaboran estrechamente con el fin de fortalecer y continuar desarrollando la unión monetaria.

En el ámbito político, el intercambio entre los gobiernos es muy intenso: con frecuencia el país contraparte fue el destino de la primera visita de nuevos presidentes y jefes de gobierno. Dos veces por año ambos gobiernos sesionan en conjunto en el Consejo de Ministros Franco-Alemán. Desde 2010, unos ministros participan por invitación en las reuniones de gabinete del país contraparte.

El intercambio entre ambos países excede la política. Cientos de ciudades alemanas y francesas mantienen una cooperación intensa entre sí. Miles de alumnos aprenden respectivamente el otro idioma y participan de intercambios estudiantiles. La emisora pública franco-germana de televisión ARTE emite sus programas desde Estrasburgo en alemán y en francés.

La mayor conquista conseguida por el tándem franco-alemán es, sin duda alguna, el triunfo de la paz sobre el mito de la enemistad hereditaria y su consolidación a través del consenso europeo.

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