¿Se suma la oposición al coro de los aplaudidores?

Mariano Grondona
Mariano Grondona LA NACION
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12 de febrero de 2012  

En los comienzos del teatro griego había un solo actor que, como debía cambiarse para interpretar a los diversos personajes de la obra, era sostenido por un coro cuyos integrantes, los "coreutas", cantaban para cubrir los vacíos de su ausencia. Después se agregaron más actores, pero no por eso el coro perdió su función principal, que era servir de nexo entre los actores y el público para acentuar el impacto de la representación. Cuidadosamente diseñadas, las representaciones televisivas de la Presidenta podrían ser imaginadas hoy como actualizaciones del teatro griego de los comienzos, ya que en ellas un conjunto de coreutas acompaña a una única actora.

En la representación presidencial del martes último, dedicada a las Malvinas, hubo dos novedades. Una, menor, fue la reaparición de Hugo Moyano entre los coreutas. La otra, mayor, fue que al coro de ministros, legisladores y funcionarios que habitualmente aplauden a la Presidenta se le sumaron opositores. Decimos que la primera novedad fue "menor" porque no liberó a Moyano de la "mala onda" que aún existe entre él y Cristina. Y decimos de la segunda novedad que fue "mayor" porque puso en cuestión el verdadero vínculo entre la Presidenta y la oposición, entre el 54 por ciento que la votó y el 46 por ciento que no la votó.

La respuesta de los opositores ante la invitación que les había formulado la Presidenta para que la acompañaran en su reclamo por las Malvinas no fue unánime. Algunos de ellos no asistieron. Se contó entre los partidos ausentes a la Coalición Cívica de Elisa Carrió, cuya vocera, la senadora María Eugenia Estenssoro, señaló que "la causa de las Malvinas es demasiado importante como para hacer de ella otro show". Tampoco concurrieron el Proyecto Sur, que lidera Pino Solanas, ni parte del Frente Amplio Progresista (FAP) de Hermes Binner. El diputado Eduardo Amadeo fundamentó su ausencia con estas palabras: "Las decisiones importantes deben ser el resultado del diálogo. No estoy de acuerdo con ser invitado sólo a aplaudir".

Aceptaron la invitación presidencial, en cambio, la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista que también integra el FAP, la Unión por Todos de Patricia Bullrich y el Frente Peronista de Francisco de Narváez. Llamó la atención el alto grado de adhesión de Federico Pinedo al discurso presidencial que calificó de "impecable", aunque el diputado de Pro aclaró enseguida que su apoyo al discurso de Cristina fue "personal" porque él es un "malvinero" desde siempre, y que por lo tanto no comprometía al jefe de Pro, Mauricio Macri, que estaba de vacaciones.

¿Un gesto o un ardid?

Aunque al finalizar el acto la Presidenta entonó de memoria canciones militantes junto a La Cámpora, su discurso en sí fue sobrio, acorde con un reclamo como el de las Malvinas que convoca a los argentinos. Los opositores que concurrieron el martes a la Casa Rosada destacaron que no habían participado de un acto partidario sino de una ceremonia de alcance "nacional". Los críticos del Gobierno se hicieron en cambio esta pregunta: ¿hubo alguna novedad, acaso, en la presentación de la Presidenta?

Si la novedad consistía en desclasificar, para después publicarlo al menos en parte, el famoso Informe Rattenbach sobre la Guerra de las Malvinas, este anuncio pareció redundante por cuanto ya la revista Siete Días había dado a conocer el Informe en 1983. Denunciar la "militarización" de las islas Malvinas del gobierno inglés porque envió a un destructor avanzado y al príncipe Guillermo a las islas, cuando es de sobra sabido que el Reino Unido mantiene una poderosa guarnición sobre ellas desde que terminó la guerra, no parece haber agregado nada nuevo al entredicho de las Malvinas. No sonó creíble, en fin, la manifestación del ministro de Defensa, Arturo Puricelli, cuando dijo que si los ingleses atacaran el territorio argentino les responderíamos militarmente, por dos razones. Primero, porque, para todos los afectos prácticos, nuestro país carece de fuerzas armadas. Y segundo, porque el ministro debiera haber recordado antes de hablar que los ingleses ya ocupan parte de nuestro territorio. ¿O Puricelli supone acaso que las Malvinas no forman parte del territorio argentino?

Si la Presidenta no innovó sobre las islas Malvinas en su presentación televisiva, queda una pregunta por contestar: lo suyo fue apenas el "show" al que aludió la senadora Estenssoro o tuvo, al revés, una explicación política significativa? ¿Fue sólo un gesto patriótico o, además, un ardid político?

La "agonía" de Cristina

La acción política tiene dos dimensiones: una arquitectónica , la otra agonal . Responden a la dimensión "arquitectónica" aquellas acciones que reflejan la voluntad del Estado en cuanto tal y convocan, por ello, a la generalidad de los ciudadanos. El objetivo de recuperar las Malvinas es, en este sentido, arquitectónico. Pero el objetivo de sacar ventajas particulares amparándose en un objetivo arquitectónico es en cambio "agonal" por cuanto el término agonía significa "lucha"; en política, "lucha por el poder".

La representación televisiva de Cristina contenía estas dos dimensiones. Como presidenta de los argentinos, nos representó "arquitectónicamente" en nuestro anhelo de recuperar las islas. Pero el objetivo "agonal" de los Kirchner ha sido, desde 2003, retener y ampliar el poder por todo el tiempo. Si analizamos la representación televisiva del martes desde este ángulo de mira, surge entonces la siguiente pregunta: ¿de qué manera ella estaba destinada a servir al objetivo "agonal" de Cristina?

Néstor en forma frontal, Cristina en forma sutil, los dos Kirchner procuraron de entrada combatir sistemáticamente a todos sus oponentes. Algunos han señalado que la exposición televisiva del martes tenía por objeto disparar fuegos artificiales que distrajeran a los argentinos de las dificultades económicas que se avecinan. Esto es verdad, pero no toda la verdad, porque también es verdad que el objetivo "agonal" del último martes fue reducir aún más la imagen de una oposición ya debilitada. Al invitarlos a la Casa Rosada a presenciar su alocución por las Malvinas, lo que intentó la Presidenta fue sumar a sus opositores a la corte de coreutas que la aplauden. Hasta ayer se podía decir solamente que Boudou y los suyos integran esta corte. ¿Habrá que sumarles ahora a los opositores que concurrieron a la Casa Rosada? Aquí es válido subrayar la observación que lanzó Amadeo porque la convocatoria de la Presidenta a los opositores no fue para "dialogar" con ellos -hacen falta dos no sólo para bailar el tango sino también para dialogar- sino para que la escucharan en silencio porque, como dicen en su entorno, "a la Presidenta no se le habla; se la escucha". La convocatoria del martes logró, además, un efecto colateral: que, al dividirse en torno del dilema de ir o no a la Casa Rosada, los opositores dieron una nueva muestra de fragmentación.

¿Cómo está entonces la imagen de la oposición después de la representación presidencial sobre las Malvinas? Aquellos que acudieron y aplaudieron, quedaron al borde de la corte de los aplaudidores. Aquellos que no concurrieron, confirmaron la división opositora. De resultas del monólogo presidencial a la que había sido invitada, la oposición a Cristina, que ya era débil, hoy lo es todavía más. La nueva ventaja comparativa que logró el martes, ¿no era acaso el objetivo "agonal" de la Presidenta? Esta pregunta deja otra todavía sin contestar: ¿cuándo y cómo podrá surgir el adversario capaz de medirse con ella?

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