Senda peatonal

Ariel Torres
Ariel Torres LA NACION
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3 de diciembre de 2019  

Todas las naciones tienen problemas. No somos excepcionales en ese sentido. Ni siquiera tenemos los peores. Ni los más livianitos, esos que ni siquiera nos parecen problemas; como cuando, en 2012, Suecia se quedó sin basura para producir energía y tuvo que empezar a importarla.

Hace unos 20 años, caminando por Nueva York, le comenté al ejecutivo de una compañía estadounidense que me asombraba cómo respetaban la senda peatonal, que en Buenos Aires estábamos luchando con ese tema. "Bueno -me respondió-, eso es así porque el nuevo jefe de gobierno impuso multas muy severas para esa infracción. Antes de eso, nadie la respetaba". Desde ese día me pregunto si es verdad que uno de nuestros principales problemas es la anomia, esa sensación tan argentina de que las leyes no son para nosotros. Para otros pueblos, más mansos, tal vez. Pero no para nosotros. Me pregunto si el verdadero problema no será, más bien, que tenemos clarísimo que infringir las normas no tiene, entre nosotros, ninguna consecuencia. Ni siquiera la más elemental condena social.

Ahora hemos aprendido a respetar la senda peatonal, mayormente. ¿Qué pasó? ¿Nos volvimos mansos? ¿O es que empezaron a sancionar esa infracción?

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