Una mentira

Ariel Torres
Ariel Torres LA NACION
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1 de octubre de 2019  

Dejé de fumar hace casi siete años. Grosso modo, me he ahorrado desde entonces unos 300.000 pesos. Aunque impresiona, el número es lo de menos. La mayoría de los que intentamos durante años dejar el cigarrillo solemos enfrascarnos en tales proyecciones monetarias. Pero es en vano. Al final gana el tabaco.

Hasta que abrimos los ojos y nos damos cuenta de que estamos gastando una fortuna en destruir nuestra salud; que pagamos por vivir confinados a una celda de humo, y, sobre todo, cuando descubrimos cómo actúa la nicotina. Es un proceso complejo, pero, en pocas palabras, esta sustancia hace que el cerebro libere ciertos neurotransmisores con que premian las actividades relacionadas con la supervivencia. Para el que intenta dejar de fumar, la crisis de abstinencia no es diferente de morirse de hambre. Es una mentira, pero la química cerebral la cree. No le queda más remedio; así estamos diseñados, y por eso es tan duro luchar contra esta adicción.

Pero se puede. En mi caso (cada cual tiene su historia, y todas son inspiradoras), me fui a una estancia en medio del campo y pasé esos tres primeros días de terror sin acceso alguno a la nicotina. Desde entonces, no volví ni volveré a fumar. No me gustan las mentiras.

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