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Velo

Edición fotográfica: Dante Cosenza
Edición fotográfica: Dante Cosenza Crédito: Patrick Pleul / DPA
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13 de marzo de 2019  

LEBUS, Alemania.- Andar a tientas, sin ninguna guía, solo puede producir desasosiego. Al no poder ver qué hay en derredor es imposible saber a qué atenerse. Las acechanzas pueden ser variadas y, en estos casos, la imaginación es fecunda en elucubrar posibles escenarios vertiginosos que nos dejan desvalidos ante lo desconocido. La naturaleza cuenta con estrategias que se empeñan en sumirnos en la más profunda oscuridad. Tal vez sea la noche su más poderosa arma de ocultamiento. Y más si se trata de una noche que se avecina con una densa y envolvente niebla. Por eso, las luces del auto que atraviesan la nube blanquecina se imponen como haces redentores capaces de iluminar aquello que hay por delante. Descorrer el velo siempre tiene un efecto tranquilizador, aunque la posibilidad de vislumbrar lo que se avecina sea intrínsecamente fugaz.

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