Vía crucis

Carlos M. Reymundo Roberts
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2 de diciembre de 2019  

Vender un auto usado en la Argentina es caer en una espiral de trámites y gastos que parece no tener fin. Si las cosas se hacen bien, si se quiere operar en el mercado formal, hay que prepararse para pasar semanas atrapado en una telaraña burocrática. Se requiere de tiempo, dinero y una paciencia ilimitada. Verificación técnica vehicular (VTV), verificación policial, grabado de autopartes, libre deuda de patentes, libre deuda de multas, presentación -en plena era digital- de carpetas con papeles y más papeles, títulos, formularios, cédulas azules y verdes... Todos o casi todos esos trámites tienen su razón de ser, pero se hacen en dependencias distintas y hasta en distritos distintos y, sumados, conforman un vía crucis. Siempre, claro, que todo esté en orden, que no surja ninguna dificultad, y es casi imposible que no surja. Otras cosas no tienen lógica alguna. Por ejemplo: aunque no se hayan cometido infracciones, aunque no haya multas pendientes, para obtener el libre deuda hay que pagar. Esa hoja impresa que dice que usted fue un angelito en la calle cuesta 240 pesos.

Al final del camino, puede presentarse un hijo y decir: "Papá, en Nueva Zelanda fui con mi documento y me compré un auto. Y también así lo vendí".

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