Yo, yo, yo y solamente yo

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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7 de marzo de 2019  • 00:58

Entre las muchas características que podríamos nombrar, una persona con baja estima o con una estima distorsionada suele creerse superior a los demás. Te invito a echar una mirada a algunos de los rasgos de quienes poseen rasgos narcisistas:

1. Se creen personas especiales

No se perciben como pares con el otro, dado que su baja empatía los conduce a creerse únicos y extraordinarios. Cuando van a un lugar, desean tener un lugar preferencial y, cuando se relacionan con los demás, un trato significativo. No toleran ser "como" los demás. No creen ser la mejor obra de Dios… ¡se creen Dios! Dicha actitud los colocar arriba de la gente. Por eso, es muy difícil que puedan admirar a alguien y, cuando lo logran, solo es cuestión de tiempo para que lo terminen descalificando.

2. Buscan el aplauso y el reconocimiento constante

Cuando esto no sucede, piensan: "¡Qué mal que está el mundo para no reconocer tanto talento!". Exageran sus logros. A veces, los distorsionan hasta el punto de la ridiculez buscando impactar y demostrar sus habilidades ultraespeciales, sus "superpoderes". Son los únicos que hacen las cosas bien, pues todos los demás tienen fallas y puntos criticables. Son expertos en identificar, a través de su narcisismo, los errores y los fracasos de los demás para aumentarlos (y a menudo ridiculizar y agredir a la persona).

3. No toleran la mínima crítica

Cuando les señalan un error, inmediatamente lo niegan porque el error siempre está en los demás. Son los que "mandan a terapia" a todo el mundo, excepto a ellos mismos. Al carecer de introspección, no pueden mirar hacia adentro y revisar: ¿Qué tengo que ver yo con lo que está sucediendo? ¿Qué hice para que este error apareciera? El error siempre está afuera. Piensan que los otros no tienen autoridad para criticarlos. Tienen una "lengua filosa" y son maltratadores verbales, irónicos, agresivos, burlones. Precisamente por la frustración que les genera que alguien les muestre una equivocación.

4. No toleran la frustración

Cualquier obstáculo a sus deseos, caprichos y anhelos es vivido con agresión. Su lema es: "Todo el mundo debe satisfacer mis necesidades; importo yo y nadie más que yo". Al colocarse por encima de los demás, terminan aislados y solos. Es justamente esa soledad lo que van a padecer grandemente, pues armaron una encerrona mental al pensar: "Yo soy distinto y superior a los demás y eso me deja solo en el mundo".

5. Fueron llamados a hacer grandes cosas

Todos debemos soñar, ir detrás de cosas grandes y superarnos. El narcisista espera que los demás lo satisfagan. Son los otros quienes "deben" cumplirle sus sueños, sus anhelos. Esta es la diferencia entre alguien que tiene un sueño y arma un proceso de esfuerzo, trabajo inteligente y aprendizaje para lograrlo; y el que arma un sueño grande y declara: "Acá está mi sueño, satisfagan mis necesidades". Por eso, cuando lideran no saben armar tropas (equipo), ya que su empatía es muy baja. Se convierten en caudillos que dan órdenes y ese es su estilo de liderazgo. Quien desobedezca será castigado. La mayoría de las veces se sienten incomprendidos porque su "enorme capacidad" solo es admirada por unos pocos que están al mismo nivel. Tienen pocos amigos que, más que amigos, son socios en la admiración mutua (que es breve y dura hasta que aparece la descalificación). Si los demás no respetan su estatus, serán castigados por tan magno pecado.

6. Son envidiosos

Cuando alguien es aplaudido y reconocido, surge en ellos la bronca y la tristeza en su interior, pues viven comparándose y midiéndose con los demás. Cuando el otro es felicitado, sienten que se los privó de algo. Entones recurren a la descalificación sistemática. Les cuesta felicitar, compartir, tener al otro en cuenta debido a su bajo nivel de empatía.

Tres ideas para disminuir el ego:

a. Desarrollar empatía

¿Cómo me gustaría ser tratado? ¿Qué podría hacer para que el otro esté mejor? Pensar en el otro, ayudarlo, realizar algún trabajo solidario, dar sin esperar nada a cambio, son todas formas de desarrollar un mínimo de empatía. Esto le permitirá a la persona egocéntrica dejar de "mirarse el ombligo" y creerse "el centro del universo" para comenzar a descubrir las necesidades ajenas y el enorme placer que provoca el ser solidario.

b. Evitar compararse

Los maratonistas corren pero no para ganarle al otro sino por el placer de correr y superarse a sí mismos. De allí que, aunque acaben últimos, siempre se sienten primeros. Cuando uno establece la lógica de la comparación, aparece la competencia. Cuando uno evita la comparación y la competencia, es capaz de desarrollar la colaboración. La comparación es un veneno porque superar a alguien no implica que uno sea bueno. Lo que nos hace buenos es desarrollar nuestros propios proyectos sin necesidad de demostrar nada ni de ganarle a nadie.

c. Recomponer la estima

Como ya hemos explicado antes, la estima consiste en saber qué puedo y qué no puedo. Es decir, aciertos y errores. Tener estima es verme en mi totalidad, lo cual me permite decirle al otro: "Me equivoqué, ayudame" sin vivir el error como una catástrofe. Todos los seres humanos por igual tenemos fortalezas y debilidades y esto nos permite desarrollar solidaridad con los demás, pedir ayuda, aprender del error y compartir.

La estima nunca se construye de afuera hacia adentro. Cuando uno persigue el aplauso, el reconocimiento, la mirada de manera directa o indirecta, siempre será esclavo de su entorno. La estima se construye de adentro hacia afuera. Cuando nos paramos sobre valores como la honestidad y la solidaridad, podemos construir relaciones afectivas profundas sobre la base del amor y la intimidad que son el mayor generador de felicidad para todos los seres humanos.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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