Movimientos políticos, esencia del populismo

Alejandro Ghigliani
Alejandro Ghigliani PARA LA NACION
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12 de octubre de 2016  

El general Juan Domingo Perón dijo algo así como que lo importante es el movimiento porque el partido es solamente un instrumento para las elecciones. Esta definición es la causante de lo que es y ha sido el peronismo y, por lo tanto, de algunos de los problemas que ha tenido la Argentina.

La palabra "pueblo" está generalmente utilizada con dos significados distintos. En una de ellas "pueblo" es un conjunto de individuos medianamente racionales, que adoptan decisiones racionales e individuales y lo hacen influidos en mayor o menor medida por su ambiente familiar o laboral, por los medios, por la propaganda, por sus ocupaciones, por el lugar donde viven, etc. Se pueden explicar y medir sus decisiones usando números. Por ello, además, es posible argumentar para tratar de hacerles cambiar de opinión y además podemos pretender conocer los fundamentos de sus opiniones.

La otra entidad a la que refiere el otro uso de la palabra "pueblo" es un conjunto amorfo, colectivo, compuesto por individuos indiscernibles. Es una entidad casi mítica que toma decisiones difícilmente cognoscibles ya que necesitan un "intérprete". Además, esa "expresión" es "la verdad absoluta". Su carácter proteico le hace comportarse como un líquido: ocupa todo el espacio que le marca su continente, en este caso, las circunstancias del momento, políticas o sociales o históricas son la jarra donde se ubica el líquido; por ello es capaz de encarnar la derecha, el centro, la izquierda o el punto cardinal que esté de moda, sin el menor empacho y en la mayoría de los casos sin cambiar de personajes.

Este comportamiento variable del llamado "movimiento" tiene la siguiente característica: o bien orwellianamente se sostiene que siempre tuvo esa orientación o bien se sostiene que la actual es la única auténtica (aunque comparta gran cantidad de personajes participantes con alguna anterior). Como masa amorfa -carece de reglas que resuelvan los conflictos interiores o establezcan el procedimiento para tomar decisiones; carece de reglas para elegir sus autoridades, para juzgar y sancionar a los "desviados" y además carece de reglas de pertenencia- es imposible poder determinar si alguien pertenece o no al movimiento aunque tales detalles sean a menudo motivo de discusión.Esto puede explicar la poca adhesión a las normas y a las instituciones de quienes no tienen la experiencia vital de regirse por ellas.

El movimiento carece de autoridades ya que no tiene reglas para elegirlas. Tiene un líder que no es elegido por ningún procedimiento, es producto de un acto emocional originario, y que cumple una doble función: conduce, y por lo tanto, todos siguen su voluntad, pero a diferencia de un chofer al que le indican el destino, el líder "interpreta" la voluntad del pueblo. Claro que el líder tiene la necesidad y la capacidad de captar ciertos deseos de ese pueblo y lo conduce para satisfacerlo sin tener en cuenta sus consecuencias: es la esencia del populismo. Otra característica de los movimientos es que los líderes, por su mismo carácter originario, deben tener un contacto directo con su pueblo. A fin de interpretarlo correctamente necesitan que no haya intermediarios que puedan distorsionar los efluvios de voluntad del pueblo; desde este punto de vista las legislaturas, los partidos políticos y la Justicia no sólo dificultan tal acto interpretativo sino que lo distorsionan.

Los llamados relatos épicos culturales, de tintes gramscianos, contribuyen a disimular los cambios, a veces bruscos, en la dirección de las conducciones. Este tipo de relato no sólo reinterpreta el presente sino que construye otro pasado. En este significado de "pueblo" no hay disidentes ya que el que disiente no pertenece al pueblo y como este es el universo de la nación, pertenece realmente a la antipatria. En los movimientos populistas no hay adversarios a quienes ganarles sino enemigos que destruir.

El otro concepto de pueblo, por su misma naturaleza de contener decisiones individuales, tiende a que estos individuos se acerquen o agrupen en conjuntos que comparten ciertas afinidades. Como sea, estos individuos deben necesariamente darse reglas para ordenarse. La primera de ellas es la de pertenencia; en estos casos, los grupos (por ejemplo los partidos políticos), establecen las condiciones para ingresar a tal grupo, es decir, su afiliación. Luego tienen reglas para elección de sus autoridades u órganos (se "organizan") y además se dan reglas para dirimir sus conflictos internos. Es bastante generalizado que estos grupos tengan órganos que definen sus políticas y sus opiniones acerca de los principales temas que interesan a la sociedad. Los participantes en esta clase de agrupaciones tienen una experiencia vital de la existencia de normas y de la obligatoriedad de éstas y, por lo tanto, estarán más inclinados a respetarlas.

Cabe aclarar que estas son consideraciones medianamente ideales y al sólo efecto del análisis, ya que podemos ver que hay partidos que son más flexibles y toleran en su seno diferencias de opinión con la declarada "oficial", y otros que son inflexibles y que provocan muchas veces escisiones.

Hay además otra diferencia muy importante. Los partidos son susceptibles de ser regulados por la legislación y sometidos sus actos a los jueces para controlar su legalidad, si esto es posible. En cambio los movimientos son absolutamente ingobernables y absolutamente no susceptibles de ser regulados, por lo que constituyen, en general, un grave problema para la convivencia social.

Por todo ello, pienso que mientras el peronismo se asuma como movimiento, nuestro país seguirá sufr iendo sus periódicas intervenciones, con el contenido ideológico que se adapte a obtener el poder en ese momento y con la esperanza de que algún acontecimiento les evite pagar el precio de la fiesta populista cuando ésta está cerca de agotarse.

Ex presidente del Superior Tribunal ?de La Pampa y ex subsecretario Legal y Técnico del gobierno de Alfonsín

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