Mujeres en peligro

Bernardo Kliksberg Para LA NACION
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15 de diciembre de 2009  

El 6 y el 7 de noviembre de 2001 aparecieron ocho cadáveres de mujeres en Ciudad Juárez. El maltrato que habían sufrido era tal que sólo tres pudieron ser identificados. El mensaje era claro. Fueron arrojados delante del sindicato de maquiladoras.

Hay 300 maquilas en las que buscan trabajo mujeres humildes. Quinientas mujeres fueron asesinadas desde 1993 y 600 desaparecieron. La impunidad que acompañó los crímenes despertó olas de indignación mundial. Algunos de los más altos responsables de investigar declararon que estas cosas pasaban porque cuando fueron violadas, torturadas y asesinadas "no iban precisamente a la iglesia", que "las chicas buenas están en casa" y que la culpa la tiene "el vestir con minifaldas". Cuando la madre de la menor Laura Berenice denuncio su desaparición, en la policía le dijeron entre risas "estará con el novio".

Expertos de la ONU reportaron "horrores" y "abusos" en las investigaciones. La Corte Interamericana de Justicia termina de fallar condenando al Estado mexicano por "negar el acceso a la justicia a los familiares de las víctimas, por negligencia en la investigación y por no prevenir las muertes, a pesar de la existencia de un claro patrón de violencia de género". En su fallo exigió que el Estado investigara los asesinatos de las víctimas, destituyera a los funcionarios que en 2001 y subsiguientes permitieron y realizaron las violaciones señaladas, investigara las denuncias de las familias de las víctimas que sufren amenazas, hostigamiento y persecución, y dignificara la memoria de las víctimas.

Frente a la persistencia y gravedad de la violencia de género, el secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, ha lanzado una campaña universal con el título de: "Unete para poner fin a la violencia contra las mujeres".

En Italia, siete millones de mujeres de entre 16 y 70 años han sufrido agresiones o maltrato al menos una vez en su vida. Un millón ha sido objeto de una violación o de un intento de violación. Sólo un 2% denunció los ataques. Diez mil mujeres marcharon, hace pocos días, en Roma, "contra la violencia machista y la explotación del cuerpo de las mujeres con fines políticos y económicos". El presidente de Italia, Giorgio Napolitano, pidió acciones urgentes y "rigor sin indulgencia" para frenar la "violencia, la prepotencia y la intimidación", y realizo un llamado a "combatir la imagen vulgar de la mujer meramente consumista que transmiten la televisión y la publicidad".

En países como Irán la mujer es objeto de todo tipo de discriminaciones jurídicas. Los hombres pueden divorciarse cuando quieren y tienen la custodia de los niños. El testimonio de una mujer en la justicia vale la mitad que el de un hombre. El código penal contempla la pena de muerte a pedradas para las mujeres adulteras. El hombre puede prohibir a sus esposas trabajar fuera del hogar.

En América latina, según un reciente informe de la Cepal, las formas de la violencia que se practican a diario incluyen, entre otras: el maltrato de la pareja, el feminicidio, el acoso y la violencia sexual, la trata de blancas, la violencia institucional y la violencia discriminatoria contra mujeres inmigrantes, indígenas y afro descendientes.

El 40% de las mujeres de la región sufre violencia física y en algunos países cerca del 60%, violencia emocional. La física va desde golpes hasta agresiones severas con amenazas de muerte. La emocional comprende el maltrato psicológico, los insultos, las humillaciones, las burlas, el control del tiempo, la libertad de movimientos y los contactos sociales de la mujer.

Ha habido avances relevantes sobre la igualdad en la educación y progresos legales, pero las estructuras profundas que permiten la violencia siguen operando. Entre ellas, los déficits en prevención, la debilidad en la aplicación de leyes, lo que el informe describe como "la impunidad en el ámbito judicial, en el que a menudo las víctimas no encuentran ni la oportuna sanción a los perpetradores ni la adecuada protección".

Una causa central de la violencia está en la fuerza que sigue teniendo el machismo, que es reforzado en estereotipos en los medios y por imágenes de la mujer degradantes.

Con adelantos, las desigualdades siguen, sin embargo, presentes en la vida laboral y en la participación política. Además de ganar casi un 30% menos que los hombres, las mujeres tienen un peso menor al 10% en los consejos corporativos. Con los avances en la participación política en la que las leyes de cuotas fueron clave, sin embargo son mujeres sólo el 7% de los alcaldes y el 20% de los legisladores.

La posibilidad de ser atacada por ser mujer y la indefensión se expresan en las cifras. En Guatemala hubo 2920 homicidios de mujeres en los últimos cinco años y sólo 186 detenciones, un 94% quedaron impunes. En El Salvador, 326, 262 y 314 entre 2003 y 2005, en Honduras subieron de 111 a 181 en ese período.

En la Argentina, relevando noticias en la prensa, Indeso contó que hubo 204 homicidios de mujeres en los diez primeros meses del año. Un avance importante es la nueva ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, pero requiere reglamentación y asignaciones presupuestarias adecuadas.

España está mostrando cómo es posible enfrentar el problema. Con cambios legislativos, una gran campaña pública, la instalación de observatorios y múltiples medidas, ha lanzado una gran ofensiva contra la violencia de género. En 2008 se realizaron en España 41.439 juicios por malos tratos físicos o psíquicos y hay 4100 reclusos.

Son sugerentes las directivas que la Federación de Asociaciones de la Prensa de España recomienda a los medios. En primer término, propone evitar la banalización del problema y cualquier tipo de justificaciones, y dice: "Hay que evitar adjetivaciones que puedan contribuir a una justificación implícita de la agresión". Segundo, contextualizar, no referir sólo casos, sino explicar el marco general de causas que influyen. Tercero, evitar el sensacionalismo. No focalizarse en los detalles macabros. Cuarto, evitar los rumores y los testimonios sin importancia, ir a fuentes rigurosas. Quinto, no identificar a las víctimas porque los daños a sus hijos pueden ser severos.

La consigna lanzada por la ONU: "Ni una más" no admite demoras, así como su llamado a terminar con las formas brutales y silenciosas de la violencia de género, esta violación interminable de derechos humanos básicos que avergüenza a todos.

© LA NACION

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