¿Naturaleza v. intereses?

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26 de marzo de 1996  

"Esta obra es un homenaje a la Naturaleza que en unos pocos años transformó toneladas de escombros arrojados por la urbe en un paisaje agreste donde plantas y animales en libertad producen en el visitante la sensación de haber dejado la ciudad para internarse en otro mundo.

"Ella nos demuestra en esta explosión de vida que también puede haber caminos de retorno en el avance destructor del hombre..." ("Aves de Costanera Sur y Ciudad de Buenos Aires - Guía para su reconocimiento" por T. Narosky C. Henschke y D. Yzurieta Vázquez Mazzini Editores Argentina 1996).

Se trata de los dos primeros párrafos de la introducción de un libro pequeño pero valioso en medida inversamente proporcional a su tamaño. Concienzuda y amena descripción de la fauna avícola -148 especies residentes estables y 51 transitorias- del enclave costanero que tantas controversias ha suscitado. Area que a pesar de estar asegurada por la legislación vigente aún moviliza proyectos edilicios y reformas contundentes.

Es como sugestivo diríase. La Reserva les preocupa sobremanera a numerosas personas. Tanto o más que por ejemplo la secular atomización de Palermo mediante dadivosas concesiones la existencia de amplios terrenos inactivos que bien podrían ser transformados en públicos y verdes -los del ex albergue Warnes por ejemplo- o la vecindad inquietante Riachuelo por medio de un complejo industrial de combustibles donde un percance pondría en riesgo grave a buena parte de la capital de los argentinos y sus adyacencias.

Críticas

Se ha dicho de la Reserva que "es un baldío asentado sobre sanitarios en desuso." Que "el público no la visita y no sirve para nada." Que si se quiere "mirar animalitos" para eso están el zoológico y el Delta. Que...

Cálculo grueso la Reserva ha tenido alrededor de quince mil visitantes en varios fines de semana de esta temporada veraniega durante la cual muchos porteños debieron quedarse en sus casas y se dedicaron a pasear por la ciudad.

Algunos desprevenidos sin dudas se deben haber sentido molestos por la falta de baños (subsanable mediante la instalación adecuada de baños químicos... cuando lleguen todos los recursos largamente prometidos) o de choripanerías (las mismas que en vano la Municipalidad quiere erradicar de sitios próximos).

Otros en cambio -también habría que tomar nota de sus opiniones- se retiraron deslumbrados por el marco verde imponente o la contemplación de un pájaro carpintero en su habitat natural prometiéndose volver.

Cabe convenir en que se trata de un sector de la ciudad creado por acciones circunstanciales del hombre y librado al trabajo de la naturaleza. Lo reconocen está dicho hasta quienes lo viven apasionadamente.

Resulta contradictorio pues que a esa obra de la naturaleza -una aula al aire libre de zoología y botánica de reproducción imposible en cualquier gabinete de ciencias- como decir al alcance de la mano y con acceso libre para esa finalidad de por sí cautivante se la quiera transformar autoritariamente en el espacio público por excelencia. Espacio público que ha sido restringido en Palermo que sobrevive falto de cuidados en el sur de la ciudad o que no ha sido previsto -excepción hecha del parque Indoamericano aún inconcluso y perfeccionable- en otros lugares adecuados o adecuables para ese objeto.

Proyectos

¿Será por causalidad que hay y es público un proyecto de concepción audaz y concreta para erigir un rascacielos "de más de 500 metros de altura" sobre la ribera de la Reserva a la la altura aproximada de la prolongación de la calle Alsina?

¿Y que otro proyecto asentaría el trajinadísimo hotel de cinco estrellas más o menos por donde se encuentra la Laguna de los Coipos?

La Reserva está protegida por una ordenanza aprobada por la que hasta hoy es la representación de la ciudadanía local. Pero hay quienes gustan de la Reserva y hay quienes no gustan de ella y es admisible que así sea. ¿No sería razonable pues que en todo caso su destino definitivo quedase librado a la democrática opinión mayoritaria de la ciudadanía porteña por medio de los mecanismos institucionales que muy pronto establecerá el estatuto de la ciudad?

Promediaba el sábado último y ese solazo porteño que aún pica -¡vaya si pica!- pugnaba por disipar los últimos nubarrones de tormenta cuando varios Pérez exigían a sus piernas en los vericuetos de la Reserva Ecológica y Parque Natural de la Costanera Sur. En un momento dado sobrecogidos por el entorno espeso del alisal quedaron encerrados entre murallas verdes; allá arriba divisaban tan sólo el cielo celeste y algunos jirones grisáceos que enmarcaban las piruetas de un halcón plomizo; alguien susurró: "¿Se dieron cuenta? ¡A diez minutos de acá están las casas centrales de los bancos más importantes del país...!".

¿Pájaros u hormigón?

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