Navidades

Carlos M. Reymundo Roberts
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24 de diciembre de 2018  

Impresionan la vitalidad y la vigencia de la fiesta de Navidad . Algunos dirán que se ha desvirtuado su significado original y que hoy se la debe medir en términos meramente materiales: regalos, viajes, mesas bien servidas. Un festival del consumo. De hecho, hasta en familias de firme tradición católica los chicos esperan más a Papá Noel que al Niño Jesús. Todo eso es cierto. Pero cabe también otra mirada. No hay una sola Navidad. Está la Navidad cristiana; la del nacimiento del Hijo de Dios, con iglesias que rebalsan, misas, pesebres, confesiones... Un gozo inefable. Está también la Navidad "del espíritu", ese típico clima de buena onda que estalla en saludos encendidos, en músicas y colores, en reencuentros de familias y amigos. Es una Navidad en la piel o en el corazón, acaso desprovista de religiosidad, pero que les da a estos días un tono que no se repite en ningún otro momento del año. Por cierto, también están la Navidad gastronómica, la de los regalos, la del feriado largo, la de quienes aprovechan para pasar un buen rato.

Todas las formas de vivir esta fiesta, desde las más sacras a las más terrenales, confluyen en ese saludo, "¡feliz Navidad!", que es único, que está cargado de sentido y al que los siglos no han logrado desteñir.

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