Navidarte

Alina Diaconu Para LA NACION
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24 de diciembre de 2009  

"Mi primer árbol de Navidad, ese árbol muerto convertido en ángel."

Lubisz Milosz - Sinfonía inconclusa

Pinos reales o de plástico, trineos y renos, ángeles y estrellas, un viejo bonachón, barbudo y generoso repartiendo regalos, pesebres por doquier, niños Jesús de cerámica, de madera, de arcilla, de cartón pintado, velas de mil clases, turrones, garrapiñadas y panes dulces, una explosión de colores rojos y verdes en moños, guirnaldas, campanas y luces que parpadean?

Este es el mundo escenográfico de la Navidad y en este universo alegre, musical y festivo se desarrolla nuestra vida cotidiana desde comienzos de diciembre.

Más allá de su trascendente significado cristiano, la Navidad tiene, en lo externo, una magia especial. Y esto no se les ha escapado a los artistas, a los escritores, a los creadores en general, constituyéndose casi en lo que podríamos llamar un "género", per se.

Están los cuentos navideños, innumerables y diversos. Desde el tristísimo La vendedora de fósforos , de Andersen, Dickens con su ya clásico Una canción de Navidad , hasta la ciencia ficción. En su Cuento de Navidad , Ray Bradbury relata la historia de una familia (madre, padre, pequeño hijo) que en Nochebuena realiza su primer vuelo espacial en un cohete. ¿Ya es Navidad, dónde está mi regalo? pregunta, inquieto, el niño.Y entonces entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey por el cual podían ver el espacio. El niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar villancicos. "«¡Feliz Navidad, hijo!», dijo el padre.(?) Y allí se quedaron largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas".

Isaac Asimov, en su singular texto titulado Navidad en Ganímedes (y en la versión de Lino Lope Bermejo) dice: "Era el día de Nochebuena y en la base Ganímedes reinaba un ruido ensordecedor y un confuso acaloramiento, como si se hubiera puesto en marcha un nuevo ingenio para registrar toda clase de sonidos. Alrededor del viejo trineo, situado sobre una enorme plataforma de madera purpúrea, cinco terrícolas libraban una verdadera batalla con un zambú", (animal imaginario, presentado por el autor).

Los poetas también se ponen nostálgicos, metafóricos cuando se inspiran en la Navidad. "Hoy la noche es joven; y de la muerte, tan sólo nacimos, inmensamente" escribió Vinicius de Moraes.

El gran poeta lituano Milosz recuerda "ese viejo, viejo olor de escarcha de Navidad" y luego dice, refiriéndose a esa época del año: "la jauría de la Melancolía aúlla en sueños".

Para Gerardo Diego, la esencia festiva es el nacimiento del Niño Dios: "Este es un niño sin padre ni abuelo/ éste es un niño nevado del cielo".

Nuestra Olga Orozco, en su elegíaco poema Por más que nos duela recordaba a una persona querida "en ese altillo donde me dejaste un árbol de alucinada Navidad".

En el género literario navideño aparecen muchas veces personajes que son antihéroes, gente necesitada de amor, enferma, pobre o anciana que halla en esa fecha milagrosa algo de la ternura tan ansiada, algo de la magnanimidad y la compasión y el altruismo que tanto faltan en su vida de todos los días.

Esta idea está magníficamente ejemplificada en el cuento de Paul Auster ( El cuento de Navidad de Auggie Wren ) que él trasladó al cine en su película traducida como Cigarros . Allí un hombre pasa la Navidad con una anciana ciega y nonagenaria que supone que es su nieto. "«¿Eres tú, Robert? -dice la vieja y luego descorre unos quince cerrojos y abre la puerta-.(?) Sabía que vendrías, Robert. Sabía que no te olvidarías de tu abuela Ethel en Navidad»".

Y así pasan la Nochebuena juntos (la última Navidad de Ethel), sabiendo ambos que todo es un engaño, un maravilloso engaño que ambos necesitan alimentar, en el que ambos precisan creer, la patética y emotiva trampa digna de un maravilloso cuento de Navidad.

Los músicos, los cantantes, tampoco resistieron a la intensa atracción de la Navidad.

Hay muchos discos con canciones navideñas, desde el popular Jingle Bells hasta nombres como Harry Belafonte, roqueros y cantantes pop como Madonna, las Spice Girls, Bon Jovi o Björk. Los Beatles también tuvieron un tema famoso, que se llamó Christmas time is here again que terminaba con los cuatro, Paul McCartney, John Lennon, George Harrison y Ringo Starr (en este orden) expresando, de viva voz, sus mejores deseos de Navidad para todos. Descontando los tradicionales villancicos, vivaces, frescos y angelicales (entre nosotros fue conocido el disco de Julia Elena Dávalos, Crónica de la Navidad ).

El cine, no se queda atrás. Películas de Navidad hay montones. Desde los clásicos films Un ángel pasó por Brooklyn , De ilusión también se vive , hasta los dibujos animados Pesadillas ante la Navidad , El expreso polar , Una Navidad con Mickey , llegando a la película tridimensional, recién estrenada, sobre el célebre cuento de Dickens, llevado a la pantalla por enésima vez, ahora bajo el título de Los fantasmas de Scrooge .

La pintura cuenta, como lo sabemos, con grandiosos cuadros navideños. Están las numerosas obras maestras de la Sagrada Familia (que van desde Rembrandt y Rubens, hasta Miguel Angel, Giotto, El Greco y Goya), hasta las imágenes, con un estilo un poco naif, del siglo XX, donde encontramos pinturas como Navidad del polaco Yacek Yerka, La Navidad de Ev , del húngaro Juraj Laudo, El árbol de la Navidad de la francesa Collette Beleys, hasta arribar a nuestras comarcas con La Navidad de Juanito Laguna , de Antonio Berni.

Es como si la Navidad hiciera surgir, desde adentro, lo mejor que hay dentro de nosotros mismos, aquello olvidado, tapado y traicionado durante tantos momentos del año, por causa de los avatares de la vida. Se trataría de las principales virtudes: la bondad, los sentimientos nobles, la caridad, la compasión, la solidaridad.

Como si esa noche paz, esa noche de amor que describe la canción, despertara sentimientos dormidos y nos los recordara en vísperas de un nacimiento impar, de un ser impar.

Es curioso, porque el arte suele nutrirse del dolor, del desequilibrio, de la angustia y de la noche de la existencia.

La Navidad, sin embargo, inspira, haciéndonos aspirar otro aire. Diciéndonos que, si bien existen el drama y el terror, la ternura es posible y regeneradora. Y que la inocencia no la hemos perdido del todo.

Como escribiera Charles Dickens en su clásico cuento navideño: "Después del rato dedicado a la música, jugaron a las prendas, porque a veces es saludable volver a ser niños, sobre todo en Navidad, cuando su Divino Fundador era un niño también".

La Navidad nos está demostrando así que la inspiración, aunque hurgue tantas veces en la desdicha, tiene, asimismo, un toque mágico y sagrado que baja como un ángel y que se nutre de la dicha y del amor.

© LA NACION

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