Nuestros 146 años

En un nuevo aniversario desde su creación, LA NACION reafirma su ideario de libertad y compromiso con la República y agradece a sus lectores y anunciantes
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4 de enero de 2016  

Hoy, LA NACION cumple 146 años de existencia. Desde hace décadas se ha convertido en uno de los diarios más antiguos del país.

En la gran tradición de los diarios que aparecieron en la Argentina en el siglo XIX, LA NACION ha preservado un ideario de libertad y compromiso con los postulados de la Constitución de 1853/60, que se renueva hasta estos días. El aniversario de hoy invita a reafirmarlos con vistas al porvenir y por la esperanza de que contribuyan al demorado desarrollo institucional, económico y social del país y a la prevalencia del diálogo, del consenso, después de 12 años de agria política oficial de confusión entre facción y Nación. En éste, el único espacio en nuestras páginas consagrado en casi un siglo medio a dejar constancia de la opinión editorial de lanacion sobre los más diversos temas de interés para los lectores, se ha trazado la línea de pensamiento que le otorga a nuestro diario la identidad en la que se reconocen tanto los seguidores como sus críticos.

Nada tiene que enfatizar hoy LA NACION respecto de sus disidencias con los gobernantes que acaban de abandonar la Casa Rosada más en la actitud de guerreros recalcitrantes en el infortunio de una derrota que no esperaban, que como ciudadanos conscientes de que atraviesan una de las contingencias previsibles y afortunadas de la democracia: la alternancia en el poder de tendencias políticas diferenciadas por estilos y por ideas sobre cómo debe conducirse la República.

Nada tiene que enfatizar hoy LA NACION, después del reciente relevo de gobierno porque su crítica constante al kirchnerismo y al comportamiento público de sus desconcertantes actores centrales la ha formulado desde antes del 25 de mayo de 2003, cuando asumió la presidencia Néstor Kirchner. Esos juicios los ha prolongado sin intermitencias. Hoy, hay un nuevo escenario en el país y nuestro diario se manifestará según los criterios que le han dado desde antiguo una categoría de dimensión internacional. En ese sentido, seguiremos con los esfuerzos que han dispensado a nuestro diario personería en el proceso que revoluciona las comunicaciones desde las últimas décadas del siglo anterior y le permiten alcanzar y consolidar nuevas audiencias a través de los más modernos instrumentos de la tecnología. Lo haremos con la experiencia de una institución que viene desde tiempos que precedieron al cine, al automóvil, al avión, a la radio y a la televisión, pero lo haremos con el mismo vigor con que ha sabido aggiornarse sin pausas en todas las etapas de su evolución.

Las ideas que LA NACION ha expresado en 146 años como parte de su visión del país y del mundo no siempre encontraron correlato con el sentir mayoritario de la sociedad de la que es y se siente parte. Un diario con inequívoca noción de sus responsabilidades sociales, culturales y políticas no está para congraciarse con nadie en particular en el terreno de la prédica editorial; si fuera necesario, debe sostenerla aun en la soledad y la incomprensión. Su misión editorial es una misión docente, en la que a veces puede cometer errores, pero que siempre ha de ser honesta con sus postulados y su historia y, por lo tanto, sin pagar el sucio precio de rectificarse por conveniencias de ocasión.

Cuando más del 80 por ciento de la población tenía en 2003 una imagen positiva del autoritario caudillo peronista de Santa Cruz, LA NACION expresaba serias reservas por los antecedentes de quien había sido gobernador en esa provincia. Lo había caracterizado, aun antes de asumir, por su política intolerante con la oposición y con quien quiera discrepara de su manejo de los asuntos públicos; por utilizar cualquier recurso público a fin de acallar e intimidar a los adversarios y por el cinismo de escandalizarse a última hora con las políticas del ex presidente Menem, a quien había catalogado como el mejor en la historia de los argentinos. Ya por entonces Kirchner había desobedecido por dos veces la intimación de la Corte Suprema de Justicia de la Nación de reponer al procurador general del tribunal superior santacruceño que se había negado a convertirse en un cortesano más a su servicio.

A 146 años de la aparición de su primer ejemplar, LA NACION halla la oportunidad apropiada para ratificar otro de sus compromisos, que es el de brindar a los lectores la información más amplia y profesional de los hechos de actualidad, con el objetivo de que ellos puedan conocer e interpretar por sí mismos los más variados fenómenos que conciernan a su sensibilidad e intereses. Lo objetiva en páginas abiertas a todas las corrientes de opinión. Establece así un ámbito de pluralismo en el que posibles discrepancias con la opinión del diario encuentran su razón de ser principal en el resguardo de su identidad casi sesquicentenaria. Es un proceder que desconoce el pensamiento totalitario, tanto el de extrema derecha como el de esa izquierda populista y anacrónica que persiste, sin embargo, en instalarse como vanguardia de un peronismo que seguramente tendrá a breve plazo algún mensaje más moderno para transmitir.

Estamos orgullosos del derrotero seguido. Un diario con personalidad se define no sólo por lo que publica y cómo lo publica, sino también por lo que omite. Su espíritu refleja la voluntad activa que mal podría exigirse de un inanimado buzón, que absorbe todo lo que se mete en su interior, pero que sí debe aguardarse de un cuerpo vivo con la obligación de respetar, en atención a quienes se dirige, límites morales y estéticos infranqueables.

Los tiempos recientes han enseñado que no hay iniciativas más vanas y dilapidadoras de recursos públicos que los de una prensa al servicio del gobierno de turno y para colmo, que cobra de éste por lo que dice. También, los tiempos recientes han vuelto a enseñar que así como el moho vive del muro al que adhiere, no es más que el de un zángano el papel de los supuestos informadores que no tienen nada relevante para contar que no sea con referencia obsesiva a lo que expresa la prensa con opinión propia, dirección firme y trayectoria legitimada por el tiempo ante la Nación y el extranjero.

Gracias, una vez más, a nuestros lectores, a nuestros anunciantes y a todos los que hacen posible llegar con nuestros ejemplares hasta los más recónditos confines del país. Gracias a la lealtad de generaciones de colaboradores que confirieron a LA NACION la nombradía periodística que se le dispensa mundialmente. En los albores de 2016 bien podría encarnarse esa gratitud en uno de los príncipes de las letras en lengua española, de cuya muerte se cumple este año el centenario: el gran poeta que habitó nuestra casa de San Martín 344 a fines del siglo XIX y después nos representó en Europa con galanura en su correspondencia periódica: Rubén Darío.

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