Nueva gestión en Ciencia y Técnica

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25 de enero de 2002  

Recientemente fue designado el doctor en Ingeniería Química Julio Luna para asumir la titularidad de la Secretaría para la Ciencia, la Tecnología y la Innovación Productiva de la Nación. Al tomar posesión de su cargo, el funcionario enunció entre los objetivos prioritarios de su gestión "recuperar y proteger" el Conicet y destacó como "principal patrimonio" de éste la reconocida capacidad de sus investigadores, tanto en el orden nacional como internacional.

Asimismo, entre los fines centrales que procurará alcanzar se encuentra la devolución del denominado Fondo para la Ciencia y la Tecnología (Foncyt). Julio Luna resumió el espíritu de su gestión como un "volver a las fuentes", en alusión al proyecto original concebido por el doctor Bernardo Houssay para el Conicet.

Las palabras iniciales del nuevo funcionario abren perspectivas alentadoras que, desde luego, deben traducirse en hechos para que se renueve la confianza de la comunidad de científicos que ha sufrido, con frecuencia, los embates de la incomprensión sobre su rol en la sociedad argentina, los manipuleos políticos y las frustraciones materiales. En efecto, en el curso de tres décadas el área de la ciencia y la tecnología ha sobrellevado las alternativas de políticas sectoriales provisionales que se sustituyeron con cada cambio de gestión. Las discontinuidades observadas perjudicaron el seguimiento de planes y actividades. Se entorpeció así la producción de conocimiento, que reclama una coherencia de fines en el mediano y en el largo plazo.

Por ello será satisfactorio que se retome el camino abierto por Bernardo Houssay en lo que concierne al papel institucional del Conicet, cuyo vaciamiento de funciones generó el rechazo del personal en el último año del siglo XX. Puede decirse que hoy, en este crítico tiempo de la República, se impone más que nunca la promoción de las actividades que sirvan al desarrollo del país. Hacer del Conicet una herramienta eficaz para la generación de avances científico-tecnológicos reclama, también, despejar al organismo de maleza burocrática y hacer la autocrítica indispensable para perfeccionar su funcionamiento.

Las fallas y carencias padecidas han venido provocando desde hace décadas el éxodo del personal de investigadores. Ese éxodo implica la pérdida para el país de valores altamente calificados. La sangría de recursos humanos tiene que cesar. Es injusto que una Nación desaliente a personas que la prestigian y pueden brindarle generosos beneficios.

El tema del financiamiento, siempre insuficiente, reclama un enfoque firme, como anuncia el actual titular de la secretaría. Hay un arrastre de declinación en los fondos destinados a la investigación, con ocasionales picos de mejoras y recaídas posteriores. Las metas deseables en este sentido han apuntado a lograr el 1% del PBI, pero la realidad de las cifras siempre ha estado distante de ese tipo de proyecciones. Más viable sería alcanzar la situación de algunos países vecinos que mantienen un sostenido aporte en este campo. Brasil dedica a este fin el 0,75% de su PBI, Chile el 0,63%, la Argentina el 0.,47%. Seguramente esto se hallará condicionado por la evolución económica y la viabilidad de mejores partidas presupuestarias.

Tal como ocurre con el tema educativo, la investigación científica y tecnológica abre un espacio estimulante para proyectar un mejor futuro. Es de desear que la gestión que comienza en ese sector pueda trascender las dificultades y diseñar proyectos que iluminen el porvenir. Esas son las expectativas latentes.

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