Nueva modalidad de cuatrerismo

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26 de junio de 2002  

Una investigación en la que participaron la policía de la provincia de Buenos Aires, municipios y funcionarios judiciales bonaerenses y agentes de la autoridad sanitaria nacional, puso al descubierto una banda de cuatreros de compleja organización, dedicada al robo y venta, principalmente, de caballos, pero también de vacunos y cerdos. Estas dos últimas especies de ganado son objeto corriente de ese tipo de delitos, pero no así los equinos, cuyo régimen de explotación es bien diferente, ya que la faena e industrialización sólo apuntan a atender mercados extranjeros, menester del que se ocupa sólo un puñado de empresas. La carne de caballo no se consume entre nosotros, pero sí en Francia, Bélgica, Holanda, Japón, Rusia y otros países.

La compleja organización de ese robo de equinos requirió del concurso de empleados públicos complicados en la maniobra, quienes fraguaron en el ámbito municipal guías de propiedad del ganado y documentación sanitaria. Requirió también de la complicidad policial para sustraer caballos de un haras de la fuerza de seguridad, para lo cual –según se ha sabido– se apeló al ardid de simular una enfermedad como pretexto para excluirlos del plantel. Fue necesaria toda esa intrincada operación para legitimar la propiedad del ganado, su sanidad y su transporte hasta las plantas industriales que están habilitadas para faenar esos animales.

La Argentina llegó a tener un stock de 8 millones de equinos, ahora reducido a unos 2 millones como resultado de la mecanización del agro, fenómeno que adquirió particular intensidad a partir de la década del 60. Su mercado se limita al presente a tareas de campo remanentes, a los requerimientos de las fuerzas militares y de seguridad, y de la equitación deportiva y a algunos pocos otros usos. No hay quien críe caballos con vistas a su utilización industrial debido a que la rentabilidad al respecto es inexistente, de modo que la faena y procesamiento se efectúan normalmente cuando la vida útil del ejemplar llega a su fin.

Con el caso que se ha descubierto, se agrega a nuestro medio una nueva forma de cuatrerismo, que deberá ser combatida sin concesiones. La cría y el uso de los equinos en las actividades mencionadas, y su industrialización y exportación una vez agotada su etapa de utilidad, debe ser preservada, para lo cual es imperioso combatir activamente a estas organizaciones de malhechores, que tan severos quebrantos podrían infligir a los productores y a las empresas exportadoras.

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