Ojo con el clima y las malas juntas

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22 de mayo de 2003  

Nestor Kirchner presidente es un enigma. Hace apenas sesenta días nadie pensaba que podía llegar. Y dentro de tres estará jurando por los Santos Evangelios. Por lo mismo, es ocioso especular acerca del respaldo con el que pisa la Rosada. Aunque su antagonista se hubiera sometido al infierno del ballottage , en nada hubiera cambiado la sensación de que el hombre ha llegado con lo puesto. Más allá de un 10 por ciento de kirchneristas extremosos y de otro 10 ó 12 por ciento de cabezonistas manzaneros, el resto, hasta el 70 por ciento de los votos a favor que le daban las encuestas, sólo podía ser atribuido a la furia antimenemista que, vaya a saber por qué, se apoderó de la ciudadanía.

Ante esta evidencia surge de inmediato la pregunta: a causa de lo escaso del respaldo propio, ¿debería el hombre consensuar medidas y buscar alianzas? La respuesta es no, ya que no le debe nada a ninguno de ellos, así como tampoco al 80 por ciento del electorado. Más aún, en caso de que, por un exceso de generosidad o como un gesto de persona de bien quisiera tener un reconocimiento con alguien, lo que tendría que hacer es llamarlo a Carlos Menem y ofrecerle, por ejemplo, un lugar en una dependencia de la tercera edad.

Ahora bien, dado que con la elección de Kirchner ya se cumplió uno de los grandes anhelos de la ciudadanía, esto es, el deseo de no ver nunca más a Menem en la Rosada, ni de saber más de su romance otoñal ni de su guagüita ni de nada que tenga que ver con él, tampoco está obligado, como pretende la prensa, a empezar ya mismo a anunciar medidas. En primer lugar, a lo que debe atender es a su adaptación al nuevo medio en el que le toca desempeñar sus tareas. Y ver, por ejemplo, cómo le va a un patagónico NYC (nacido y criado en la región) después de tres meses seguidos sin viento. Y, más tarde, cómo hace para enfrentar el verano porteño, sólo agradable cuando se lo escucha en una grabación de Astor Piazzolla.

La toalla mojada

Simultáneamente, mientras lucha por superar el problema del aire contaminado y los peligros del coup de chaleur , debería centrarse en evitar las malas juntas. No porque no sean las más divertidas y las que dan algún aliciente a un cargo tan ingrato como el que va a desempeñar, sino porque es evidente que tuvieron mucho que ver en el terminante desahucio del menemismo. No vaya a ser que, si se equivoca como el riojano y se rodea de tipos afectos al Dom Pérignon, a las señoritas pulposas y de dedos extremadamente ágiles, cuando aspire a otros cuatro años en Olivos Piñón Fijo le gane por escándalo.

"¿Vio -comentó alarmado un parroquiano del Margot- que el senador Luis Barrionuevo dijo que ahora todos debemos colaborar para que Kirchner empiece a gobernar y el país salga adelante?" El reo de la cortada de San Ignacio se encogió de hombros. "Mire, maestro -dijo-: más cuidado que Lupino debe tener la mujer de Luisito. ¿No vio que también dijo que fue la mejor ministra del gabinete porque manejó el ministerio con mayor presupuesto y lo hizo con toda honestidad? Bueno, estoy seguro de que cuando la muchacha volvió a casa, en vez de felicitarla la esperó con la toalla mojada, para fajarla."

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