Opciones y resultados

Adrián Ventura
Adrián Ventura LA NACION
(0)
29 de marzo de 2000  

La vida es un manojo de opciones y de privaciones. Cuando una persona toma una opción, se priva de las demás alternativas. Pero cuando el que opta por una alternativa es un político, la que resulta privada de los beneficios de las restantes es la sociedad.

Por ese motivo es que se espera que la decisión del político sea mucho más responsable que la que adopta un particular con respecto a sí mismo, porque la primera involucra el destino de toda una comunidad.

Carlos Ruckauf, cuando aún era candidato al cargo que ahora ocupa, precipitó la caída del entonces ministro de Justicia Carlos Arslanian y derrumbó la política de seguridad que éste había trazado y que recién comenzaba a ejecutarse. Una necesidad electoral explicó ese desenlace.

Así, Ruckauf llegó al poder con la promesa de mano dura, pero, para ser más creíble, convocó para el cargo de ministro de Seguridad a Aldo Rico.

Si Ruckauf no calculó que la realidad iba a terminar por desbocarse, incurrió en una imprevisión difícil de comprender. Pero cabe pensar que sí hizo el cálculo correcto y que haya conseguido un objetivo primario: apropiarse, durante los tres meses de gestión de Rico, de la imagen de duro.

En este caso, la opción que tomó Ruckauf al nombrar a Rico, en términos de interés personal, habrá sido correcta, pero la pregunta es: ¿fue una opción responsable frente a la sociedad? Esta es la pregunta que debería contestar Ruckauf, más allá del triste episodio que protagonizó Rico, que no pasa de ser anecdótico si se lo compara con la gravedad de la crisis de inseguridad que afecta a todos.

En otras palabras, ¿puede el gobernador mostrar alguna estadística o dato objetivo que pruebe que su política de mano dura comienza -siquiera comienza- a tener éxito y que la criminalidad empezó a bajar? La sensación generalizada es que esto no se produjo. Aunque, aún es temprano.

// // //

Jorge Casanovas suena como el reemplazante de Rico en Seguridad y Ruckauf debería entonces designar a otro hombre para Justicia. Desde el momento en que se comenzaron a barajar nombres, Rico se sintió acorralado. Y reaccionó como era previsible. Hoy, el juez federal Adolfo Bagnasco es el que suena con mayor firmeza.

Pero, sin importar quién ocupe el cargo, esa persona deberá desarrollar un perfil muy particular, porque convivirá con una realidad complicada. Valgan tres datos:

  • La cartera de Justicia tiene a su cargo las cárceles, un volcán que, de tanto en tanto, hace erupción.
  • El ministro deberá instrumentar una reforma procesal de mano dura, valiéndose de una policía dura, pero, particularmente, fuera de control.
  • Además convivirá con dos tipos de jueces y fiscales.Por un lado, los que sin prejuicios se desprenden de cualquier preso o son conniventes con la policía. Por el otro, los jueces que respetan las leyes. En este rubro se encuadra el juez Juan Carlos Sorondo (h.), que dejó libre a un ladrón de pasacassettes con un argumento que para él -y para otros jueces que lo seguirán- es incontrastable: la Constitución de la provincia, a la que Ruckauf le debe obediencia, prohíbe expresamente limitar las excarcelaciones. Un detalle no menor.
  • ADEMÁS

    MÁS leídas ahora

    Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

    Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.