Originales relatos procaces

Sobre Los deseantes, de Juan José Burzi
Daniel Gigena
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6 de septiembre de 2015  

Hay un cambio en el nuevo libro de Juan José Burzi (Lanús, 1976). En los cuentos de Los deseantes, los narradores, que en sus relatos anteriores se mantenían a distancia, ahora se involucran en la historia y guardan con ella una cercanía que motoriza la trama. Por momentos esa cercanía crea una atmósfera inquietante; en otros, la curiosidad del lector acompaña la del personaje que narra y descifra los hechos en los que, como en el primer cuento, le gustaría participar. La presencia de una primera persona fisgona, si no morbosa y psicopática, quiebra el filtro de la percepción en los dos primeros relatos y permite una mirada sobre los hechos –un incesto entre hermanos, la relación sadomasoquista de un profesor de escuela secundaria y una alumna– no sólo políticamente incorrecta sino también, lo que aquí interesa, verbalmente chocante.

En el segundo relato, un "cuento-nouvelle" -formato que el autor ha tomado de literaturas tan distintas de la suya como las de John McGahern y Alice Munro-, un profesor se obsesiona con Carolina, una alumna cuyo padre se ha suicidado sobre la cama de su hija. Al comienzo, la relación de dominación se replica en el dormitorio del docente: él manda y ella acata sus órdenes. Cuando la chica llega al departamento de él con El diario de Ana Frank, el profesor, luego de exponer sus teorías nazis sobre el libro, la somete: "Le ajusté mi cinturón en el cuello y la hice andar de rodillas por la pieza, preguntándole si ella era judía, si la madre era judía… si lo era el padre. Y cuando dije ‘tu papᒠle pegué un tirón del cinto, para que de paso se acordara del viejo colgando del ventilador de su pieza". A la manera de un Grey sin escrúpulos ni fortuna, durante un tiempo el pedófilo cumple sus fantasías a lo sumo con el temor de que la relación se haga pública. Sin embargo, luego de un juego de asfixia, en el que un pañuelo de seda parece cobrar vida, la chica toma la delantera y supera las lecciones del maestro: "Me hizo estar arrodillado, masturbándome pero sin poder eyacular un buen rato, mientras ella leía partes salteadas de El diario de Ana Frank. Cada tanto paraba unos segundos para descansar y elegir otro fragmento. ¿Viste qué interesante este libro?, me preguntaba sobradora". Burzi narra con acento pornográfico, sin eufemismos ni perífrasis titubeantes, los encuentros sadomasoquistas que, al revés de lo que el protagonista imaginaba, se convierten en escenas de su propia humillación.

Organizado con títulos internos a la manera de una fábula procaz, "Los deseantes" es quizás uno de los relatos más perturbadores de la actual narrativa local sobre la descomposición de una conciencia. Esa descomposición también se evidencia en el plano discursivo. En el relato confluyen, no sin tensiones, diferentes tradiciones literarias: el terror, el humor, el erotismo y el "caso" (el cuento en parte es un descargo). Por medio de un conjunto de operaciones transgenéricas, de atajos retóricos, que también se evidencian en los otros tres relatos del volumen, y que alteran el modo de crear la verosimilitud tanto como la subjetividad del personaje, Burzi indaga posibles narrativos con una voz falsamente neutra y desapegada, como en el caso de "Loop", el cuarto cuento, o con un estilo similar al de un informe policial (aplicado a la propia fuerza policial bonaerense y a sus vínculos con la trata y el asesinato de mujeres, en "Crónica negra").

Obscenos, efectivos y a la vez insidiosos en el modo de infiltrar índices de verdad en la ficción, los nuevos relatos de Burzi utilizan herramientas perversas para descifrar algunos avatares de la subjetividad contemporánea. Como reflexiona el mellizo que usurpa la identidad de su hermano muerto en "Loop" cuando su ex novia lo encuentra igual a él (es decir, igual a él mismo): "Él le respondía con una sonrisa de circunstancia, de irónica trampa del destino. Pero… ¿irónica trampa de quién? ¿Y del destino de quién?".

LOS DESEANTES

Por Juan José Burzi

Zona Borde

96 páginas

$ 130

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