Otra rareza nórdica: por una política exitosa

Luisa Corradini
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28 de octubre de 2012  

PARÍS.- Créalo o no: la falta de basura en Suecia es tan grande que el país se ve obligado a importarla de sus vecinos. La información parece totalmente absurda cuando los países industrializados no saben qué hacer con los miles de toneladas de desperdicios que producen a diario (entre 500 y 750 kilos por persona por año).Sin embargo, la explicación de esta singular historia es el auténtico éxito que tiene el sistema de reciclado sueco. Sólo el 1% de los detritus domésticos suecos terminan en las descargas públicas, contra el 38% del resto de los países europeos, según cifras de Eurostat, la oficina de estadísticas de la UE. En Suecia, 36% de los desperdicios son reciclados, 14% compostados y 49% incinerados. Gracias a incineradores cada vez más eficaces, la combustión de desechos genera allí suficiente energía como para proveer calefacción urbana al 20% del país (810.000 hogares) y aprovisionar de electricidad a 250.000 familias sobre un total de 4,6 millones. El problema es que, como las capacidades de incineración suecas son muy superiores a la cantidad de desechos, Estocolmo ha comenzado a importar basura del resto de Europa para hacer funcionar las instalaciones y, sobre todo, no perder dinero. Una prueba más -si hacía falta- de que, en el mundo actual, absolutamente todo termina teniendo un valor comercial.

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