¿Otros dos jueces con retiro voluntario?

Héctor M. Guyot
Héctor M. Guyot LA NACION
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28 de abril de 2018  

¿Cómo entender que alguien que se ocupó de juzgar a otros durante toda su vida activa no sea a su vez juzgado cuando las circunstancias lo exigen? Parecería que quienes deben aplicar el ordenamiento jurídico no están obligados a observarlo. Más que eso: pueden vulnerarlo en ejercicio de sus funciones para seguir después con lo suyo como si nada hubiera pasado. En el ruido de la política, un escándalo es tapado por el siguiente hasta que, cansados de contar, bendecimos el cúmulo de transgresiones con el más olímpico de los olvidos. La historia reciente del país es la historia de la impunidad. Y mientras siga imperando, el argumento está condenado a desplegarse en clave de tragedia con caídas recurrentes en el grotesco.

Pícaros ha habido siempre. Lo extraño es que el sistema institucional los ayude a salirse con la suya y hasta los premie. Ahí está de nuevo en escena un exjuez incapaz de dominar su histrionismo y su pasión por figurar. En cada una de sus apariciones, sus dichos y actitudes superan cualquier guion imaginable y renuevan el pasmo ante la generosidad de un país cuyo Poder Judicial le brindó trabajo y cobijo durante tantos años. Es una celebrity, un divo, y expone sin tapujos su vulnerabilidad, aunque lo respalda una jubilación que más de uno quisiera, obtenida después de dejar sus años de servicio a la patria por la puerta grande y quien sabe con cuántas satisfacciones más.

Ahora lo han envuelto en un asunto feo. Lo acusaron de invocar sus habilidades oratorias ante el expresidente de un club de fútbol para que este le franqueara el acceso al plantel de primera, que venía de capa caída. Por entonces era juez y quería levantarles el ánimo a los muchachos. Eso habría dicho, según el dirigente. Acaso tuviera con qué. Habilidades para el baile no le faltan. Lo feo es que, hombre de poder acostumbrado a regalarse sus deseos, ante la negativa habría desplegado acciones intimidatorias lanzadas desde su juzgado federal. Esto se ventila ahora dentro de una investigación más fea todavía, síntoma de una degradación moral alarmante, de la que el exjuez se despegó con su estilo habitual.

Cuidado: nada de todo esto ha sido probado aún. Pero la sola irrupción mediática del exjuez nos devuelve al recuerdo de aquel trago amargo que nos sirvió el Gobierno cuando, en lugar de someterlo a un jury por las denuncias acumuladas, lo sacó del foro con una palmadita en la espalda y esa jubilación de la que hoy goza después de haber sobreseído a aquellos que esquilmaron al país. Todo sea por limpiar los tribunales.

¿Todo? ¿Acaso los jueces Farah y Ballestero, artífices de la excarcelación del empresario Cristóbal López, podrían correr la misma suerte? Cada cual a su modo, ya sacaron número para un retiro voluntario que dejaría en virtual acefalía a la Cámara federal porteña. Está bien, dirán acaso los dos jueces que quedan: más vale solos... De todos modos, de seguir la ruta del exjuez del anillo hacia la salida indolora el problema no sería la Cámara, sino la impunidad, los privilegios que el poder le concede al poder, la falta de una investigación que determine las responsabilidades por ese fallo insólito que no solo liberó al empresario kirchnerista acusado de un fraude de 8000 millones de pesos, sino que alivió su situación procesal mediante un cambio de carátula que le daba la posibilidad de eludir la cárcel.

Al cierre de esta columna, la Cámara de Casación ordenaba la detención de López y volvía a tipificar el delito como fraude en lugar de evasión. Las cosas vuelven a su lugar (lo mismo debería suceder con el dinero). Y queda más comprometido Ricardo Echegaray, exjefe de la Afip.

¿Pero qué pasará con estos dos jueces? Farah pidió un traslado a otro tribunal que ya fue concedido por el Consejo de la Magistratura. Ballestero pidió una licencia médica que es la antesala de la jubilación, un trámite que inició el año pasado. Así como armaron el tribunal para decidir la liberación de López, ahora lo desarman y emprenden una retirada. Más allá de su destino, lo que corresponde es que sean juzgados por sus actos en un plazo razonable. Lo otro sería un voto más a la impunidad. Y la concesión de privilegios que divorcian a los que mandan de la gente común y despiertan indignación e impotencia.

En una semana difícil, mientras en el Congreso se libra la lucha por las tarifas, Macri aguanta las críticas de la oposición y también de una franja cada vez más amplia del periodismo. Sin embargo, en esta escena lateral que cifra muchos de los males del país, el Gobierno tiene la posibilidad de jugar una carta capaz de confirmar el verdadero alcance del cambio que se propone.

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