¿Papeles sin valor?

Por Norberto H. García Rozada
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28 de agosto de 2001  

Las modernas tendencias culturales han dejado atrás el concepto de que los museos eran algo así como simples depósitos de objetos antiguos. Ahora, una de las tareas esenciales de los responsables de dichos reservorios es la de reactivar y valorizar todo el patrimonio que albergan, de manera tal que pueda ser conectado con el presente y hasta sirva de clave para el futuro.Y, también, protegerlo.

De allí, pues, que el deterioro o la destrucción de cualquiera de esos irreemplazables bienes no sólo importe una pérdida material en sí misma, sino además una mengua apreciable para el conjunto del quehacer cultural.

Durante la semana última hubo un incendio en el Museo Nacional Ferroviario, ubicado desde hace muchos años en un apartado edificio de la playa de maniobras de la aún imponente terminal de Retiro (ex Mitre). Careciente de ese ingrediente esencial que sería el material rodante -locomotoras y vagones-, de momento disperso, el Museo aguarda que lluevan desde el cielo recursos y la decisión política imprescindibles para trasladarlo a las playas y los galpones de Liniers, más adecuados para tales menesteres.

Según el Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado (Onabe), los daños materiales resultaron mínimos, dado que el fuego sólo alcanzó papeles sin valor. Hay Pérez que no están del todo de acuerdo con esa apreciación.Y no por desconocimiento u opinión infundada. Integran la Fundación Museo Ferroviario e inspeccionaron de visu las consecuencias del incendio, apenas fue dominado.

A juicio de ellos, las llamas hicieron de las suyas en insustituibles colecciones integradas por planos y documentación del siglo XIX, que aguardaban ser ordenadas. Entre ellos, el archivo Hume Hnos., memorias del antiguo Ministerio de Obras Públicas y planimetría del ex Ferrocarril del Oeste que había sido rescatada de galpones de la estación Caballito. Asimismo, quedaron humedecidas bastantes placas fotográficas de vidrio, para cuya recuperación estaban trabajando expertos -se da fe- de la Fundación Antorchas.

"¡Por supuesto -reconoció un autorizado informante-, se podría haber perdido mucho más! Pero no es poco que el siniestro, ya fuere por el fuego o por el agua, afectase legajos en los cuales, por caso, se podían encontrar cartas autógrafas de Carlos Pellegrini."

Los museos, que se sepa, no subsisten por obra y gracia de la mano de Dios. Requieren de cuidados especiales que suelen exceder las determinaciones meramente administrativas. Hubo comentarios de que, desde hace algún tiempo, cerca del museo se han instalado ranchadas de desposeídos donde el fuego es elemento infaltable.

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