Para homenajear no hacen falta más feriados

Es de lamentar que haya quienes crean que la única forma de celebrar nuestras gestas y a nuestros héroes sea paralizando la actividad del país
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16 de junio de 2016  

El Poder Ejecutivo Nacional promulgó la flamante ley que declara feriado nacional y día no laborable el 17 de junio de cada año en conmemoración de la muerte del general Martín Miguel de Güemes, caudillo salteño y héroe de la Independencia. La iniciativa, impulsada por el diputado nacional Pablo Kosiner (justicialismo-Salta), busca destacar y reconocer la importante actuación del gaucho salteño, ya que sin su resistencia no hubiera sido posible defender el norte del país ni hubieran sido factibles las campañas del general San Martín. Bajo su mando, las ciudades de Salta y Jujuy fueron vitales en la defensa del resto de la Argentina sin ayuda exterior.

Nadie en el Congreso ni fuera de él desaconsejaría homenajear a Güemes, como tampoco a tantos otros héroes de nuestra historia. En cambio, es cuestionable que, para conmemorar una gesta, recordar la labor de una persona o resaltar una fecha determinada necesariamente haya que declarar ese día feriado y volver improductivo el país. Ningún prócer entra a la historia a partir de un día no laborable, de hecho ya forma parte de ella.

Hoy es el general Güemes, pero podría homenajearse a otros tantos héroes cada jornada y hasta a más de uno por día. Afortunadamente, nuestro país tiene a muchas personas para celebrar, pero no por eso va a clausurar todas sus actividades en la industria, el comercio y los servicios, restando aún más días de clase y atención en hospitales y juzgados, sólo por citar unos pocos ejemplos muy concretos de los sectores que más se perjudican con estos parates.

Antes de asumir, Macri se había expresado en favor de la necesidad de acotar el de por sí ya generoso número de días no laborables con que cuenta nuestro país, entre los llamados "inamovibles", "trasladables" y "feriados puente". Lamentablemente, el debate no se ha planteado en ese sentido y el oficialismo en el Congreso -y Macri después- convalidó este nuevo día no laborable, posiblemente para que no hacerlo no se interpretara como un rechazo a la figura de Güemes.

No parece ser ése un argumento serio ni de peso cuando de lo que se trata es de establecer el costo-beneficio que más días inactivos implican en la economía de un país como el nuestro, que requiere el mayor y más amplio esfuerzo de todos para intentar recuperarse.

Miles de millones de pesos se esfuman por cada jornada improductiva. Decenas de miles de chicos se quedan sin clases. Comerciantes, profesionales independientes, numerosas pymes y, entre otras tantas industrias, la de la construcción pierden mucho más de lo que puede llegar a ganar, por ejemplo, el sector turístico, principal promotor de este tipo de iniciativas.

Con este nuevo feriado nuestro país ya tiene más días de descanso que muchos de la región y del mundo y está consiguiendo ubicarse entre aquellos con más días no laborables a nivel global, un récord para nada elogiable. Con el agregado del 17 de junio, el calendario 2016 tendrá 18 días no laborables, muy cerca del número que tiene Colombia, con 19 días, y seguido por el Líbano, Corea del Sur y Tailandia, con 16. En el extremo opuesto se hallan Serbia, con nueve feriados; Hungría, Holanda y Gran Bretaña, con ocho, y México, con siete días no laborables. No hay dudas de que estamos ante un exceso de feriados, que ha sobrepasado el límite de la sensatez. Para muchas empresas significa daños económicos y demoras dañosas que podrían evitarse. A los altos costos de la sofocante presión impositiva que soportan deben agregar las erogaciones en sueldos de personal que corresponden a esas jornadas sin actividad o por la que deben pagar mucho más.

Respecto del punto de vista estrictamente pedagógico, si bien es cierto que más cantidad de clases no implica mayor calidad educativa, tener menos días de escolaridad sin dudas la afectan. No hace falta recordar que se hacen malabares para alcanzar la exigua cifra de 180 días de clase anuales, una meta que la mayoría de las provincias no cumple. A ello habría que agregar el efecto de la discontinuidad en el aprendizaje que, sobre todo en los niños, crea este tipo de interrupciones.

Finalmente, habrá que convenir en que en los feriados la mayor parte de la población piensa en otra cosa diferente del motivo por el cual fueron declarados como tales. Esto es, se ha perdido el principal sentido, que es el de homenajear y poner de relieve las gestas y quienes las protagonizaron. Además, los actos escolares no se hacen, como en el pasado, en el día propio de la recordación, sino en el último día hábil, lo que de alguna manera desdibuja el homenaje que se quiere rendir.

Es de desear que la cuestión de los feriados y días no laborables sea revisada en un futuro cercano por las autoridades, teniendo en cuenta el impacto que causan en la actividad educativa y económica del país, evitando privilegiar a algunos sectores en detrimento de otros. Y porque es sumamente importante recuperar la cultura del trabajo y del esfuerzo, valores indiscutibles para el fortalecimiento tanto personal como de una nación.

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