Pies en la playa y otras propagandas

Julián Gallo
Julián Gallo PARA LA NACION
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26 de julio de 2015  

Esa persona imaginaria de la que voy a hablar está en la playa. Es un día espléndido, luminoso, sin viento. La persona ya nadó en el mar, ya sintió frío y ya se le pasó, ya estuvo jugando con las olas, salió del agua y ya se secó. Ya tomó la novela de quinientas páginas que está intentando leer y ya la abandonó en la página doce como hizo desde el día que la compró. Ya simuló con la mano derecha hacer un reloj de arena dejando caer los granos de su puño cerrado. Ya vio todo rojo al cerrar los párpados para tomar sol. Ya se puso crema en el rostro otra vez. Ya mantuvo conversaciones mentales con personas ausentes. Ya hizo una lista de las cosas que iba a hacer más tarde. Ya sintió hambre…

Ahora, sentado al sol sobre una lona apoyada en la arena, toma su teléfono de un bolso. Chequea el correo, mira Facebook, pone algunos likes, lee Twitter, mira su lista de WhatsApp. Abre la cámara del teléfono. Quiere tomar una foto de la playa, pero ¿a quién le va a importar la playa? Él quiere estar en la foto.

Entonces, apunta al horizonte y deja que sus pies entren en el cuadro. Se ven la playa y los pies. Toma la foto. La mira haciendo una visera con la mano para tapar el sol. La edita con filtros. Un poco más azul, un poco más de luz, un poco más de contraste. Es la misma foto pero hiperreal. La sube a Facebook y antes de publicarla escribe una frase como título. Borra esa frase, no le gusta. Escribe otra, tampoco le gusta. Al final pone: Sunny day y la publica. Sunny day le suena mejor que "Día soleado", aunque no puede explicar por qué.

La persona imaginaria probablemente no lo sabe, pero esa foto es la más común que existe en Instagram; la llaman "Pies en la playa". También "Día soleado" forma parte de las etiquetas más populares, junto a "Ala de avión", "Atardecer" y "Nubes".

A diferencia del pasado, cuando las fotos eran para la memoria de la familia, cuando las imágenes querían conservar un instante para el futuro ("el momento Kodak"), muchas fotos de hoy, como "Pies en la playa", se hacen exclusivamente para el ahora y para los demás. Son una forma novedosa de construir una identidad pública a través de actos fotográficos.

En verdad, se trata de una sofisticada propaganda personal hecha de imágenes. El producto que venden es una "vida aumentada" de forma artificial, que procura mantener o elevar la propia consideración ante los demás usando fotos. Los destinatarios son una audiencia cautiva de amigos y conocidos en Internet, pero muy especialmente, el propio autor, que se cuenta a sí mismo una vida más feliz de lo que en realidad es, más interesante, más emocionante. "Pies en la playa", "Ala de avión", "Bicicleta en el parque", "Asadito" son los avisos de la campaña de una vida cualquiera

Al final, el mensaje que guardan esas fotos es inmenso, pero su verdad no está en las imágenes, ni en los títulos, ni en la combinación de ambos. Es algo difuso que se filtra en el esfuerzo que hace el autor por maquillar su vida, su persistente autoindulgencia, la jactancia latente, la envidia proyectada, su búsqueda permanente de consuelo, la avidez por la aprobación de los demás. Esas fotos son una biografía que hay que decodificar, de alguien que quiere, al mismo tiempo, contar y ocultar su vida para existir plenamente. Todos en algún momento somos esa persona.

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