Plazas contaminadas por parásitos

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2 de mayo de 2003  

La población tomó conocimiento en estos días, con fundada preocupación, de que autorizadas investigaciones han confirmado lo que hasta el momento era motivo de una generalizada sospecha: las plazas porteñas están plagadas de parásitos diseminados por las heces caninas. Se ha podido comprobar que esa invisible pero dañina invasión puede contagiarles diversas enfermedades a los seres humanos; según parece, todavía no han resultado ser eficaces las medidas destinadas a contrarrestarla.

Auténticos pulmones verdes que permiten depurar la atmósfera urbana, agraviada por la polución ambiental, e indispensables lugares de esparcimiento, las plazas y los parques públicos porteños, son el receptáculo de las necesidades fisiológicas de los canes y de la indolencia e indiferencia de los dueños de esos simpáticos animales domésticos. Quienes de manera pertinaz y culposa se rehusan a recoger las heces caninas concitan animadversiones sobre sus mascotas. Y además -mucho más grave, por supuesto- se convierten en agentes difusores de microscópicos huevos de gusanos portadores de afecciones que, por lo general, contagian a los niños, inocentes y cotidianos usuarios de esas superficies altamente contaminadas, y a los adultos que suelen tomar sol tendidos sobre el césped.

No se trata de una afirmación caprichosa y carente de sustento. Desde hace una década, el laboratorio de Parasitología General de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires se ha ocupado de tomar muestras en los espacios públicos porteños. Y las conclusiones de esa paciente labor son aterradoras: en todos ellos los investigadores encontraron huevos de toxocara canis -transmisor de una grave enfermedad ocular-, ancylostoma, trichuris, diplydium y taenia capillaria, ninguno de los cuales vendría a ser inocuo para la salud humana.

Enfrentar esas plagas no es una empresa sencilla, ni es tampoco una tarea que pueda ser llevada a efecto en forma unilateral. En la plaza Alberti, del barrio de Núñez, fueron ensayados procedimientos tales como la colocación de rollos de bolsas plásticas aptas para contener los desperdicios fisiológicos perrunos, cercar los canteros, instalar carteles con leyendas destinadas a recordar las normas vigentes acerca de la obligación de recoger esos residuos y utilizar motoaspiradoras para las tareas de limpieza. Aun así, la contaminación no se redujo. Es más, en Barrancas de Belgrano, donde existe un canil, se registró similar nivel de contaminación dentro y fuera de él.

De acuerdo con los especialistas, habría dos medidas urgentes que permitirían disminuir tan importante contaminación. Una, la desparasitación periódica de las mascotas; otra, el riguroso acatamiento de la obligación de emplear esos dos utensilios que la chispa popular denominó "la palita y la bolsita". Tal como se puede apreciar, ambas precauciones dependen de la buena voluntad y la predisposición de los dueños de los canes, de hecho y hasta el momento exponentes en su mayor parte de una llamativa falta de solidaridad hacia el conjunto de la sociedad.

Esa imprescindible e inexcusable colaboración debería contar con el respaldo de las autoridades. Salta a la vista que, desde un considerable tiempo a esta parte, Buenos Aires se ha convertido en una ciudad sucia y, salvo excepciones, sus espacios públicos -en especial los situados en la zona Sur- no están al margen de esa negativa falta de limpieza y aseo.

"Provoca indignación atender a un niño que pierde su visión por un problema prevenible". Las palabras del jefe de oftalmología del Hospital Garrahan, doctor Julio Manzitti, un profesional curtido por la reiterada necesidad de atender casos de toxocariasis ocular -uno por semana-, deberían golpear en la conciencia de todos los responsables de esta singular y gravísima deficiencia. Duele ver a un niño enfermo. Y mucho más dolorosa resulta esa visión cuando se sabe que la enfermedad es el resultado de reiteradas inconductas, cuya naturaleza para nada se concilian con el espíritu solidario que debe estar en la base de toda comunidad organizada.

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