Policías, a la escuela

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26 de mayo de 2003  

El Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires firmó un convenio con la Dirección General de Escuelas, con el fin de obligar a todos los suboficiales de esa provincia a completar sus estudios de nivel medio.

Los datos suministrados afirman que un 60 por ciento de los suboficiales bonaerenses no concluyó la escuela secundaria o nunca la inició. En una planta de más de 33.000 efectivos, unos 20.000 deberán comenzar o retomar sus estudios para adaptarse a las nuevas exigencias.

Ha sido prevista la inauguración de un establecimiento educativo dentro del principal centro de formación policial, la Escuela Juan Vucetich, pero también se abrirán amplias posibilidades al personal para estudiar, en la forma de clases presenciales o semipresenciales, como igualmente por medio de cursos que se podrán seguir en Internet, a fin de tener en cuenta los distintos problemas horarios.

Las autoridades bonaerenses, tanto las del ámbito policial como las del educativo, han subrayado especialmente la importancia de la iniciativa, que aproximaría la fuerza policial bonaerense a lo que es corriente en la mayoría de los países desarrollados del mundo. Un cambio en la organización de esta fuerza, según el cual el área de formación profesional pasa a la órbita de la Secretaría de Seguridad, ratifica los criterios de centralidad que busca esta propuesta.

Las preocupantes características que viene asumiendo la lucha contra el delito en todo el país, y en el ámbito provincial en particular, robustecen la idea de contar con profesionales que posean las mejores características y aptitudes. La capacitación que se puede obtener del paso por la escuela es un componente esencial en el momento de definir el perfil policial. Todo obliga a pensar que un personal mejor preparado está en mejores condiciones para enfrentar sus tareas, pues puede hacerlo desde una posición superior.

El paso por la escuela no genera, automáticamente, un crecimiento ético paralelo al que necesariamente se logra, en el nivel intelectual, aprendiendo las asignaturas previstas en los programas escolares. Esto impone la necesidad de insistir en la importancia de que ciertas áreas escolares corrientes, como la formación en derechos y obligaciones básicas, sean objeto de especial interés y de análisis sustanciales cuando llegue el momento de que se conviertan en temas de clase.

La batalla por la seguridad, que en este momento parece ganar la delincuencia, puede cambiar de signo si se encaran medidas como ésta, que necesariamente deben ser completadas con todas las que están esperando todavía para ser objeto de concreciones efectivas. La meta final es, por supuesto, disponer de fuerzas policiales altamente especializadas y tecnificadas, adecuadamente formadas, con claro sentido de su misión y un respeto poderoso por las personas. Ese respeto debe extenderse, muy particularmente, a su propia honorabilidad, que en ningún momento debería quedar en duda.

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