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Política exterior. Un mundo incierto desafía al Gobierno

Javier Fuego Simondet
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17 de junio de 2018  

Un viejo conocido de Mauricio Macri en el mundo empresarial es hoy uno de los mayores desafíos de la agenda internacional del Gobierno. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, hombre de negocios al que Macri frecuentó desde mucho antes de que ambos se transformaran en los jefes políticos de sus respectivos países, obliga al Gobierno a ejercitar la cintura política fronteras afuera: imprevisible, osado y poco afecto a los protocolos de la alta política, Trump dispara sorpresas constantes.

Para empezar, el proteccionismo trumpiano no es la orientación que el Presidente esperaba de Estados Unidos cuando, a fines de 2015, empezó a reconfigurar la política exterior del país en un sentido opuesto al impulsado hasta allí por el kirchnerismo. Hoy los movimientos a veces sorpresivos de la principal potencia de Occidente obligan a correcciones en la estrategia de reinserción internacional que abrazó Macri, coinciden los especialistas. Al mismo tiempo, paradójicamente, el Presidente recibe algunas palmadas en la espalda por parte de ese viejo conocido. La más clara es el respaldo y la ayuda que le dio Trump a la hora de obtener auxilio financiero en el Fondo Monetario Internacional (FMI). Al final, la Argentina obtuvo hace poco más de una semana un acuerdo stand-by por 50.000 millones de dólares, el más alto de la historia del organismo en términos nominales. En suma, Trump define una realidad internacional incierta y Macri tiene el reto de adaptarse a ella.

El Presidente recibió el apoyo de Trump a la negociación con el FMI en una charla telefónica del 14 de mayo. El 7 de junio, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y el ex presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, anunciaron que había acuerdo con el organismo que dirige Christine Lagarde. En las páginas de este diario, Joaquín Morales Solá señaló después que Macri es el único mandatario que tiene con Trump "un deber de gratitud", porque "el decidido apoyo del Departamento del Tesoro de Washington fue fundamental para que el acuerdo con el FMI saliera como salió".

Apoyo para Macri, sin duda, pero también un modo de defender el orden establecido. "Por la velocidad con la que se consiguió, por el monto, incluso por algún grado de flexibilidad, se trata de un apoyo muy importante del Fondo como institución y, sobre todo, de los miembros del G-7 –analiza Sergio Berensztein–. Pero, y el pero hay que enfatizarlo, ¿qué hubiera pasado si el Fondo no ayudaba a la Argentina? Era un riesgo para el país que podría haber contagiado a mercados emergentes, sobre todo Brasil, China, Rusia. No es solo un apoyo a la Argentina, sino también una medida que contribuye a la estabilidad sistémica. Es un apoyo al sistema financiero".

El enfoque regional es clave para Berensztein a la hora de listar las razones que cimentaron el acuerdo. "Hay incertidumbre en Brasil, y más en México. Colombia está ante una segunda vuelta en la que no sabemos qué pasará y Venezuela sufre un colapso. El costo de no apoyar a la Argentina era muy alto: se podía desestabilizar uno de los pocos países que había hecho un esfuerzo para saltar hacia un gobierno un poco más previsible, más promercado y más democrático", analizó.

Hace dos semanas, Trump dio en Canadá una nueva muestra del modo en que desafía al orden internacional al que la Argentina preveía reinsertarse. Durante la Cumbre del G-7, rompió con todos los protocolos y sus desaires despertaron un evidente malestar en los líderes de las otras potencias. Rechazó la declaración final, pidió (contra la opinión de las potencias europeas) que se reincorporara a Rusia al grupo, acusó al premier canadiense, Justin Trudeau, de haberle mentido, y partió antes de lo previsto para volar a Singapur, donde concretó la cumbre con el dictador norcoreano Kim Jong-un. Con esa salida anticipada, Macri se quedó sin la foto del apretón de manos con el presidente norteamericano.

Macri, a la derecha, entre líderes del G7; en el centro, el anfitrión Justin Trudeau, primer ministro de Canadá
Macri, a la derecha, entre líderes del G7; en el centro, el anfitrión Justin Trudeau, primer ministro de Canadá Fuente: AFP - Crédito: Japan Pool

La directora editorial de Le Monde, Sylvie Kauffmann, dijo en una columna que publicó The New York Times que con Trump se puede estar ante "el fin del orden mundial tal como hoy lo conocemos".

Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, advirtió: "El orden mundial, basado en reglas comunes, se ve desafiado no por los sospechosos habituales sino, de manera sorprendente, por su principal arquitecto y garante: Estados Unidos".

Ante este orden tambaleante al que Europa aporta lo suyo (en Italia asciende al poder un gobierno populista, en España cae Mariano Rajoy por la corrupción del Partido Popular), ¿cómo debe jugar sus fichas el Gobierno? ¿Qué política internacional conviene desplegar?

Carrera de obstáculos

"El Gobierno comenzó su gestión en un contexto interno en el que uno de los temas fundamentales era reorientar la política exterior –dice Juan Gabriel Tokatlian, profesor de Relaciones Internacionales e investigador plenario de la Universidad Torcuato Di Tella–. Entonces se puso el énfasis en algunas cuestiones básicas: un reacercamiento fuerte a los principales países de Occidente, una menor intensidad con los socios que en su momento tuvo el gobierno kirchnerista y una expectativa de que el proceso de globalización se robusteciera. En consecuencia, desde esta perspectiva la llegada de una lluvia de inversiones productivas era una consecuencia lógica. Esta globalización optimista que Macri y su gobierno anticiparon como nota prevaleciente mostró signos de fractura aún antes de la elección de Trump. Aunque, sin duda, el proteccionismo se profundizó mucho más después de su elección".

Las dificultades de la Argentina con los Estados Unidos de Trump se reflejan en números. En 2017, según informó el Indec y publicó la nacion a principios de marzo, el déficit comercial del país con Estados Unidos aumentó un 25% con respecto a 2016, y escaló hasta los 3118 millones de dólares. El muro para el ingreso a territorio estadounidense del biodiesel nacional fue una causa central, que tuvo réplicas en los casos de los limones, el acero y el aluminio, ítems en los que finalmente se logró morigerar la negativa norteamericana.

El ex vicecanciller Andrés Cisneros afirma que hay tendencias positivas en la estrategia de la Cancillería. Pero subraya que el rumbo no es nuevo: Macri estaría retomando aquel que el kirchnerismo abandonó durante su gestión. Según Cisneros, el Gobierno ha sabido adaptar la política exterior a los vaivenes que impone el actual mandatario norteamericano. "Con Trump, uno puede considerarse exitoso si recibe el menor daño posible; es poco probable prosperar de manera significativa. America First es eso; parece que gobernara ‘Teddy’ Roosevelt", graficó, apelando a una comparación entre el presidente Trump y quien gobernó el país entre 1901 y 1909.

Lidiar con Trump no parece una tarea simple para Macri. "En lo comercial, le está llevando un tiempo y experiencias amargas como la del biodiésel, la lucha por los limones, el acero y el aluminio", afirma Patricio Carmody, doctor en Relaciones Internacionales y miembro consultor del CARI y el Cippec. La respuesta que el Gobierno debe implementar ante este orden internacional desafiante, dice, es la diversificación. "Estaría mejor posicionado en lo comercial si hubiera ejecutado una estrategia de horizontes diversos, dando más prioridad a la India, a la Asean [Asociación de Naciones del Sudeste Asiático], África y Medio Oriente. Eso, por supuesto, sin sacrificar principios o posiciones de política exterior, como el respeto a la legalidad de las decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU o la neutralidad en el conflicto palestino-israelí, a cambio de supuestos beneficios económico-comerciales".

Corto y mediano plazo

Ya en su segundo año de mandato, Trump ha sacudido el mundo con varios gestos inesperados: el desplante a las potencias de Europa, Canadá y Japón en la Cumbre del G-7, la salida del acuerdo nuclear con Irán, complementado con el traslado de la embajada norteamericana en Israel a Jerusalén, la guerra comercial con China.

Ante esta imprevisibilidad, Cisneros señala que la forma en que el Gobierno encara el vínculo con Estados Unidos es exitosa "en el juego corto", algo que demostraron los acuerdos por limones, acero y aluminio. Sin embargo, el exvicecanciller advierte: "Hay un riesgo: el de hipotecar toda la política exterior en nombre de una facturación hipotéticamente un poco mayor. Parecemos demasiado enfocados en el mercado norteamericano. Olvidamos que Vietnam está entre nuestros cinco primeros compradores y de eso ni se habla. Dirigir un país no es exactamente lo mismo que conducir una empresa, y transformar a los embajadores en viajantes de comercio puede servir en alguna medida, pero no mueve decididamente el amperímetro".

Tokatlian dice que el Gobierno debería replantearse su fe en la globalización tal como la concibe. "Aquello que el Gobierno tenía como líneas directrices entra en entredicho en la medida en que sus objetivos no se realizan. Sin embargo, se sigue insistiendo en una visión plena de la globalización, en la presunción de que el libre comercio es la solución y en una expectativa de que en algún momento vendrán los capitales", plantea. "Lo cierto es que los que están más interesados en hacer inversiones son países no europeos, como China y Rusia; además, el proteccionismo no es una cuestión que se pueda resolver inmediatamente. La Argentina debería tener una política mucho más diversificada, que vaya más allá de Occidente. No veo que eso esté en la agenda".

Según Tokatlian, la Argentina debe reconocerse como un país del hemisferio Sur. "Hace falta retomar las relaciones Sur-Sur, que están en un ámbito de poca relevancia en la agenda externa del Gobierno. La incertidumbre fundamental para la Argentina es su relación con Brasil. Un Brasil inestable, atravesado por crisis económicas, políticas e institucionales se puede volver un dolor de cabeza".

La región, clave

La región aparece como una clave para la Argentina, según plantean los especialistas. Brasil también es una preocupación que identifica Cisneros. "América del Sur se encuentra enfrentada por una guerra civil ideológica. De un lado, países con populismo; del otro, países con sistemas republicanos. Y el más grande de todos, Brasil, ya padece esa guerra civil ideológica dentro mismo de su política interna. En octubre podremos presenciar una elección clave para percibir el rumbo que tomará ese vecino tan decisivo. La Argentina ha tomado la correcta actitud frente al desastre venezolano. Somos, además, el único país de la región que expulsó al populismo del poder a través de las urnas. Pero nuestras relaciones con Brasil son de una importancia capital y parece muy acertado que el Presidente no haga caso a quienes le aconsejan que se convierta, personalmente, en un líder regional, en un vistoso adalid de la democracia republicana, hasta tanto sepamos qué rumbo tomará el próximo presidente de Brasil. Cuando conozcamos eso, habrá que decidir si en una eventual cruzada contra el populismo seremos socios o competidores de Brasilia", evaluó.

Hay una foto que se repite desde que Macri se calzó la banda presidencial: la de los apretones de manos con los principales líderes mundiales, como Trump (y antes, Barack Obama), Angela Merkel, Vladimir Putin, Xi Jinping y Emmanuel Macron. Más allá de los gestos y las palabras de aprobación, los resultados de esos acercamientos hasta ahora son escasos, coincidieron los expertos.

Cisneros, que secundó al canciller Guido Di Tella entre 1992 y 1996, trazó una comparación con ese período. "Lo único que ha hecho [el Gobierno] es enunciar una buena política exterior, pero no exhibe acciones concretas de aplicación práctica de esa política. A los dos años de gobierno, Di Tella, que fue quien inició esta política exterior reconociendo méritos anteriores, no sólo la había enunciado sino que podía exhibir logros importantes: firma del Mercosur; continuación de los arreglos fronterizos tan acertadamente iniciados por [el ex canciller alfonsinista] Dante Caputo; alianza formal con Brasil y final de las relaciones de hostilidad con los vecinos, pasando a relaciones de cooperación; restablecimiento de relaciones diplomáticas con Londres y diálogo con los isleños; discusión de acuerdos de pesca en las zonas disputadas con el Reino Unido; asentamiento definitivo de Salto Grande como emprendimiento conjunto con un vecino, Uruguay, luego arruinado por Néstor Kirchner con las pasteras. A dos años de asumir, este Gobierno no está en condiciones de exhibir nada comparable", aseveró.

Tokatlian también se refirió a la falta de logros concretos. "Independientemente de los gestos hacia Occidente, de recibir a mandatarios de Europa y los Estados Unidos, de los viajes, la lluvia de inversiones no llega por razones muy distintas, que no tienen tanto que ver con la existencia de un gobierno de una orientación ideológica determinada, sino con las condiciones generales que hay en el mundo, poco orientadas a inversiones productivas, pero sí mucho más a inversiones especulativas, de corto plazo, de financiación y de compra de bonos".

Con gusto a poco

Para Berensztein, hay un desfase temporal entre la estrategia internacional de Macri y el escenario mundial actual. "Originalmente, la política exterior de Macri buscaba insertar a la Argentina en un mundo que hoy no existe más, que es el mundo de la democracia, del mercado, de los años 90. Por eso el G-20, la OMC, la OCDE, instituciones de los 90. Este mundo ya no existe, sobre todo, pero no exclusivamente, por los Estados Unidos. La Unión Europea no es la misma, China no es la misma que 20 años atrás, y la Argentina tampoco", dijo el analista. Y completó su diagnóstico: "La Argentina hizo una política de reinserción, pero no tuvo ninguna participación en ningún conflicto relevante, no consiguió inversión extranjera directa, pero sí compró un seguro que usó ahora [por el entendimiento con el FMI]. Lo que estabas haciendo, entonces, no era una política de reinserción, te estabas cubriendo porque necesitabas plata".

Según Carmody, el impacto no ha sido alto particularmente en lo que concierne a la contribución al desarrollo. "Parte del problema ha sido la división de responsabilidades entre la Cancillería y el Ministerio de Producción. Se percibe una falta de expertise en este último, y de real vocación para ubicar las exportaciones como un verdadero motor del desarrollo. Ascienden al 10% del PBI; hay que llevar ese índice al 15 o al 20. Tampoco hubo éxito en el intento de atraer inversión extranjera directa", evaluó.

La senda que eligió Macri para su política exterior no contemplaba a ese viejo conocido del mundo de los negocios, un desafío no sólo para las potencias, sino también para la Argentina. Lo paradójico es que ese factor de inestabilidad es capaz también de dar una señal de aliento en medio del atolladero, como la vital bendición de Trump al oxígeno financiero que aportará el FMI.

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