Polo cultural en el barrio sur

Alicia de Arteaga
Alicia de Arteaga PARA LA NACION
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8 de mayo de 2003  

La apertura de la sede Monserrat del Museo Nacional de Bellas Artes -concretada ayer con una muestra sobre el arte y la moda- le da nuevo impulso al meneado proyecto de un polo cultural en el Sur que equilibre la oferta con el siempre cotizado Norte.

Más que una cuestión de puntos cardinales, el asunto está cargado de sentido, porque desde el metro cuadrado hasta una muestra de arte vale más si se ubica en el prestigioso triángulo que conforman el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) y el Museo Nacional de Arte Decorativo. Sólo la inteligente y dinámica gestión de Adriana Rosenberg al frente de la Fundación Proa hizo posible que La Boca fuera un destino cultural atractivo, al menos los fines de semana.

En esta línea sureña se inscribe también la recientemente inaugurada sala de la Universidad Católica Argentina (UCA), en Puerto Madero, que tendrá una cafetería balconeando sobre los diques. Estratégico lugar con público cautivo si se piensa en el vecindario y, obviamente, en la población estudiantil.

El punto de articulación entre el Sur y el Norte hubiera sido el Museo Colección Fortabat frente al Dique 4; pero, por ahora, no pudo ser. El proyecto de Rafael Viñoly está en punto muerto, detenido por los sinsabores financieros del grupo cementero que lidera Amalia Lacroze de Fortabat.

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La empresaria y coleccionista tiene, sin embargo, planes de mudanza inmediata: las autoridades del Fondo Nacional de las Artes que ella preside se instalarán, a partir del próximo 16, en la casa racionalista que Alejandro Bustillo diseñó para Victoria Ocampo en Barrio Parque, cuya última dueña fue la ex modelo Claudia Sánchez y su último inquilino Mauricio Macri.

El Fondo de las Artes compró la propiedad antes de que el corralito trabara los depósitos y tiene planes de desarrollar allí una programación destinada al gran público, en sintonía con las actividades de la sede de la calle Alsina. A tres cuadras de allí abrió el Museo de Bellas Artes de Monserrat con un objetivo concreto: asociar arte y moda en una zona de fuerte arraigo textil y poca vida nocturna.

La idea es buena, pero lo importante comenzará ahora, cuando se defina cuál será la política de exhibiciones y cuáles los alcances de una programación que necesariamente debe tentar a nuevos públicos.

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Hasta acá los entremeses, porque el eje del polo cultural Sur es el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de Buenos Aires, que todavía espera la ampliación de su edificio de avenida San Juan 350, según un proyecto que el arquitecto argentino Emilio Ambasz, radicado en Nueva York, le regaló a la ciudad cuando el jefe de gobierno era Enrique Olivera. Parece mentira, pero es verdad. Una mano negra demora el comienzo de las obras, tras una ronda de licitaciones impugnadas.

El Mamba, como se conoce al museo instalado en el edificio ladrillero que fue de la tabacalera Piccardo, es el equivalente local del MoMA, de Nueva York. Sus colecciones deben representar al arte argentino del siglo XX y ser una referencia cierta para cualquier visitante que pase por esta ciudad. Es un eslabón clave en la cadena cultural de la ciudad y más aún si se concreta -como está previsto- el proyecto de anexar su sede al Museo del Cine, ubicado a pocos metros, con un lobby común de acceso.

Tal como están las cosas, quien asuma la Jefatura de Gobierno en el próximo mandato deberá anotar entre sus prioridades llevar a buen puerto el proyecto Mamba.

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