Por qué la India vuelve a entusiasmar

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional sugieren que en los próximos años este país crecerá presumiblemente más rápido que China
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26 de febrero de 2015  • 01:37

Mientras en la Argentina, cuando de Asia se trata, la atención se concentra en la controversia provocada por los recientes acuerdos suscriptos por la administración nacional con China y todo lo que ellos (bien o mal) significan para nuestra economía, en el resto del mundo son muchos los que, en cambio, siguen muy de cerca lo que está sucediendo en el otro gigante asiático, la India.

Porque, mientras la economía china se desacelera; la de Brasil está sumida en un ambiente recesivo, inundada por la corrupción; la de la Rusia de Vladimir Putin se ha paralizado por efecto de las sanciones impuestas por Occidente como consecuencia de los ilegales desafíos del presidente ruso en el ámbito de Ucrania ; la de Sudáfrica está empantanada; la de la India , en cambio, ha vuelto a crecer con vigor. Por esto las acciones de sus empresas y la rupia están claramente en ascenso.

El entusiasmo actual sobre la India, potencia nuclear, se edifica cuando han transcurrido ya los primeros ocho meses de la gestión del tecnócrata primer ministro, Narendra Modi. Y sobre las medidas que ha tomado para mejorar el clima local de negocios y estimular la inversión, esto es el crecimiento. En sectores como el inmobiliario, los seguros, la minería y la industria de la defensa. Todo esto mientras avanza asimismo en una reforma impositiva que también apunta a estimular el crecimiento. Y en un plan de modernización de la perimida infraestructura del país. Para atacar el drama de la pobreza extrema, que sigue vigente en la India y la corrupción, que es un tema aún no resuelto.

La caída de los precios internacionales de los hidrocarburos supone, para la India, un ahorro del orden de los 50 billones de dólares anuales. En un país inmenso, esto es no sólo un significativo ahorro de costos en el capítulo del transporte, sino además un bienvenido freno a la inflación.

El entusiasmo actual sobre la India, potencia nuclear, se edifica cuando han transcurrido ya los primeros ocho meses de la gestión del tecnócrata primer ministro, Narendra Modi.

En lo inmediato, los esfuerzos de Modi apuntan a tratar de deshacer la inmensa madeja regulatoria que genera toda suerte de obstáculos operativos a las empresas que trabajan en la India e inhibe -e intimida- a los inversores. Y, naturalmente, encarece los bienes y servicios de producción local.

Además, Modi prepara reformas para flexibilizar las relaciones laborales. Hoy en la India hay una casi garantía de empleo de por vida para los trabajadores con dos años de antigüedad. Por eso, el empleo temporal florece. No es, por ello, fácil mantener un empleo más allá de un año. Modi va en procura de cambiar esta situación, que desalienta a los inversores y al empleo mismo. Esto sucede mientras -en nuestro propio medio- alguno está proponiendo ingresar en la trampa laboral de la que Modi ahora, a la luz de la experiencia recogida, procura sacar a la India.

Proyectando entusiasmo, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional sugieren que en los próximos años la India crecerá presumiblemente más rápido que China. Las autoridades de la India, por su parte, sostienen que ello está ya ocurriendo. Que ya es así. Luego de un cambio en la base de cálculo estiman una tasa actual de crecimiento del 7,5% anual.

Con una población donde la mitad tiene 25 años, o menos, la India no sufre del fenómeno del "envejecimiento" de su fuerza de trabajo, que afecta a China. Pero el camino a recorrer es ciertamente largo. Y la cuesta es empinada y el desafió a asumir particularmente complejo. Ya en el 2013 la economía de China era dos veces más grande que la de la India.

Con una población donde la mitad tiene 25 años, o menos, la India no sufre del fenómeno del "envejecimiento" de su fuerza de trabajo, que afecta a China

La hora de las definiciones más trascendentales se acerca para el gobierno de Modi. Tiene que ver con la presentación y aprobación del proyecto de presupuesto que Modi se dispone a enviar pronto al Congreso. Allí veremos si se contemplan, o no, las promesas electorales. Como la de invertir fuertemente en infraestructura. Y si se sigue, o no, pensando en edificar 100 nuevas ciudades modernas. Y si se apunta a crear los millones de puestos de trabajos que la lucha contra la pobreza endémica requiere. Además, si se empuja decisivamente la reforma fiscal. Y si se anticipa, o no, la venta de algunas ineficientes empresas públicas, tal como se propusiera.

Modi tiene un gran problema político: la presencia tradicional del nacionalismo extremo en las filas de su partido. Y las diversas restricciones irracionales que, en materia económica, de ello se derivan. Por esto, nada menos que dos tercios de la población india piensa que allí existe un serio obstáculo político que puede frustrar el esfuerzo por tratar de dinamizar el crecimiento del país y abrir su economía, como ya lo ha hecho exitosamente China.

Se trata de comenzar a dejar atrás el simbolismo político y de edificar -sin demoras- la sustancia normativa y administrativa que el momento necesita. Para que el actual clima de entusiasmo no se evapore y ayude a consolidar las reformas necesarias para que el país deje de ser una eterna promesa y asuma el rol geopolítico moderno que Modi propone. El comienzo del cambio propuesto por Modi debe ser inmediato, para aprovechar el viento a favor que está soplando desde los mercados.

En materia de política exterior, Modi parece estar recostándose fuertemente en la cooperación con los Estados Unidos y con el Japón . Dos buenos apoyos para la etapa que transita. Por esto, Barack Obama ha visitado ya dos veces a la India. Y ha sido el primer mandatario extranjero en presenciar, junto a las autoridades locales, el imponente desfile militar del Día de la República. Toda una señal de intimidad. Ocurre que si las propuestas modernizadoras que llevaron a Modi al poder tienen éxito, el rol moderador y equilibrante de la India y su influencia se extenderán más allá de su propia región.

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