Posgrados sobre gestión estatal

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24 de enero de 2002  

Según datos ofrecidos por el portal educativo oficial, Educ.ar , hay en el país 84 posgrados, entre másters y carreras de especialización, relacionados con la administración pública en todas sus formas: administración financiera, planificación de políticas sociales, gestión ambiental, administración de servicios de salud, gestión cultural y de políticas educativas, entre otros.

Sus alumnos son, mayoritariamente, egresados de carreras como Derecho, Economía, Ciencias Políticas y Sociología. En casi todos los casos se trata de jóvenes que se destacan por poseer un fuerte interés por la vida pública, pero sin mostrar afiliaciones partidarias ni intereses específicos en este sentido. Sus edades están comprendidas entre los 25 y los 35 años, en promedio, y en todos ellos se manifiesta la preocupación que les produce la actual situación del país.

Es visible en estos estudiantes el rechazo hacia los viejos políticos y la coincidencia con lo que hoy es materia corriente en la opinión pública: las acusaciones de ineptitud, mal uso de los dineros del Estado o desinterés por las reales necesidades de la gente son parte de sus más fuertes motivaciones. Son sensibles, obviamente, a todas las manifestaciones que se han hecho presentes en los últimos tiempos, de protesta social y de reclamos en torno de la transparencia en los actos de los funcionarios. Se interesan, con especial énfasis, en los aspectos más técnicos de la función pública, advirtiendo entonces la escasa preparación, en muchas materias, de los hombres que acceden a cargos oficiales de todo tipo.

Estos jóvenes reconocen que el Estado es mal visto por muchos argentinos, que la función pública está sometida a mil vaivenes y que las posibilidades de hacer una carrera, dentro de una administración creíble y perdurable, no son todavía muchas. Pero no por eso reniegan de sus vocaciones y se empeñan en conocer, seriamente, lo que es esencial para el funcionamiento de una nación moderna.

En algunos casos las metas de estos universitarios están enfiladas hacia el estudio de este verdadero espécimen difícil de creer que es el Estado argentino. Las opiniones, tal vez demasiado fáciles, acerca de lo que ha ocurrido entre nosotros, durante mucho tiempo, son reemplazadas por deseos de saber profundo sobre las raíces mismas de los muchos males que nos aquejan. Tal vez lo que nos pasa, muchos de ellos suponen, no tenga justificaciones tan simples como las que son corrientes en nuestros días.

Si se piensa que no existen aún garantías de trabajo seguro para estos egresados debe valorarse mucho más, todavía, el hecho de que se empeñen en sus estudios y se las ingenien para solventar los gastos que las carreras demandan. Una vez más, como ha sido corriente en nuestra historia, la juventud se prepara, espontáneamente, para asumir destinos en los que cree, aunque la realidad todavía le siga siendo esquiva. Tal vez llegue el día en que una nueva clase de funcionarios especializados y estables, formados de esta manera, pueda servir de sustento a las decisiones estrictamente políticas, como ocurre en los países más desarrollados del planeta.

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