Prioridades antojadizas

Norberto Rodríguez
Norberto Rodríguez PARA LA NACION
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27 de junio de 2014  • 00:44

Propongámonos como hipótesis basada en la sensatez elemental un paradigma virtuoso: Salud para Todos en reemplazo del formato de Fútbol para Todos.

¿No sería mucho más efectivo destinar más de mil doscientos millones de pesos al año -la suma real no se conoce con precisión- a la salud de la población cuando se escuchan severas críticas respecto del estado de los hospitales públicos? Y, también, a la educación o a tantas otras necesidades insatisfechas.

¿No sería mucho más efectivo destinar más de mil doscientos millones de pesos al año a la salud de la población?

Lejos estamos de pretender desestimar el acceso al fútbol para toda la población, especialmente la más vulnerable socialmente; por el contrario, planteamos mantenerlo pero no a través del erario del Estado que en medio de tantas escaseces debería atender prioridades más acuciantes.

Lo enigmático es que a pesar de Fútbol para Todos, las finanzas de los clubes van en un declive que hace presumir que el aluvión de las fenomenales deudas acumuladas -nadie ha explicado con claridad quiénes son los acreedores- nunca serán pagadas o se licuarán de tal manera que nos acercaríamos a un nuevo despropósito. Uno más en la lista que hemos sabido conseguir en la saga del deporte más popular del planeta.

Los dirigentes de los clubes, más allá de solicitadas cerrando filas y con argumentos exhibiendo una endeblez sustantiva, debieran explicar a sus asociados -y a la sociedad- el manejo que hacen de sus instituciones y el riesgo exponencial a la que las están sometiendo.

No conformes con los desatinos acopiados a través del tiempo, se nos presenta, de la noche a la mañana, una nueva configuración de campeonatos, estrafalaria por donde se la analice. Resulta increíble que habiendo experiencias probadas en todo el mundo acerca de la organización de torneos sigamos empecinados en inventar esquemas que lo que agregan es incertidumbre y sospechas.

No conformes con los desatinos acopiados a través del tiempo, se nos presenta, de la noche a la mañana, una nueva configuración de campeonatos, estrafalaria por donde se la analice

Pero no es todo: también se alientan las apuestas en el fútbol bajo un presuntamente novedoso diseño y con la mirada complaciente del Estado. ¿Fomentar el juego es un valor agregado para la sociedad? ¿Debe el Estado aceptarlo o incentivarlo? ¿No sería el momento de revisar integralmente el tema del juego en la Argentina?

El fundamento de que el juego ayuda a invertir en salud pública, por ejemplo, se da de narices con la realidad. Las quejas sobre la bondad de las prestaciones en salud, en cualquier jurisdicción, crecen sistemáticamente. Por otro lado, ¿cuándo la población recibió una rendición de cuentas de las autoridades acerca de los montos provenientes del juego y la asignación desagregada de los mismos?

El fútbol es un deporte apasionante y lleno de matices que, en general y con mayor o menor intensidad, convoca a una mayoría significativa. Es materia de debate y diálogo, más allá de los excesos violentos que son marginales y están focalizados. A pesar de las rivalidades, el fútbol es un integrador social. En tal sentido, respetemos su esencia.

La Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA, creadora de deportes como el básquetbol y el voleibol, se siente con el derecho, basado en su trayectoria, de hacer este llamado a la reflexión. El deporte es una herramienta, un medio formativo extraordinario si es asimilado como tal. Por esta razón es fundamental preservar su naturaleza.

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