Promesas para el año que está por empezar

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28 de diciembre de 2009  

Para volver al tema que muchas veces lleva y trae a maltraer (como observa el lector Alberto Morales por correo electrónico) a los hablantes, hay un oportuno comentario sobre la columna pasada en lanacion.com.

Recuerda eduardoleonetti que "Radbruch decía que, dentro del campo de lo jurídico, un uso es o un derecho en cierne o bien un derecho en descomposición (o sea, un precepto que se está consolidando en la norma escrita, o una norma escrita que fue derogada y que sin embargo el uso sigue remitiendo a ella), siendo éste, tal como sucede en el lenguaje, un difícil equilibrio entre norma y uso.

"Podemos ejemplificar esto con la acentuación de la palabra solo; la regla vigente dice que cuando se usa como adverbio y quiere decir «solamente» lleva tilde si hay riesgo de anfibología con el adjetivo solo; sin embargo vemos, aun en obras literarias y científicas de prestigiosos autores y respetables sellos editoriales, que no siempre se cumple con la regla, y lo que es peor, dentro de un mismo texto a veces se observa y a veces no. Es de lamentar que en el campo de la Justicia a veces ocurra lo mismo."

Lo interesante es que, con la maestría y precisión que la caracterizan y que tanto gustan a sus lectores, la profesora Lucila Castro envió esta respuesta al comentario anterior: "La norma jurídica puede ser contraria al uso (o el uso, a la norma) porque el legislador puede «inventar» normas. Por supuesto, una vez establecida la norma, o bien el uso se adapta a la norma, o bien la norma termina siendo derogada por el uso. Pero la norma lingüística no puede ser contraria al uso porque no hay un «legislador» (léase academia) que invente normas lingüísticas. La norma lingüística sale del uso de la comunidad de hablantes. Puede haber un precepto anticuado que se oponga al uso, pero en ese caso ya no es norma, pues ha caído en desuso.

"No hay que confundir las reglas ortográficas con normas lingüísticas. La ortografía no es la lengua, sino una manera de representarla por escrito. En materia ortográfica, la comunidad hablante delega en un «comité de expertos» (léase academia) la tarea de perfeccionar el sistema de representación con miras a obtener una ortografía fonémica: una sola letra para cada fonema y un solo fonema para cada letra. Esto no es una tarea sencilla, aunque puede parecerlo. Por eso, a veces, cuando se advierte que se ha creado una regla errónea en contradicción con el sistema general, se da marcha atrás. Pero las normas ortográficas no son cuestión de uso y deben respetarse. Y si la gente no aplica la regla sobre la tilde de solo y los demostrativos, que tiene ya medio siglo, es porque no la conoce. Y no la conoce porque no se enseña. Y porque ciertas editoriales, en lugar de contribuir a difundirla, por contumacia insisten en el error."

Celebrar el lenguaje, cuidarlo de la manera recomendada o de otras muchas formas podría ser una buena propuesta para el año que está por comenzar. Algo así como las New Year´s Resolutions inglesas y algo muy cercano también a lo que propone la poeta y ensayista Ivonne Bordelois, en un precioso libro que se llama La palabra amenazada (Libros del Zorzal, 2003).

Bordelois habla de intentar la "ecología" lingüística, para preservar, proteger y estimular el ser del lenguaje, y, entre otras estrategias, sugiere la siguiente: "Nos es necesaria la escucha atenta del lenguaje cotidiano, el prestar oídos a las novedades y hallazgos del habla coloquial e infantil y el recrearnos en el lenguaje como fuente de humor. Y siempre y ante todo, aproximarnos a la poesía como la zona más alta y misteriosa del lenguaje, la comprobación más certera de su fuerza mágica y de los mundos de energía y libertad que a través de ella nos habitan".

Desde esta columna, siempre hemos adherido a la "conciencia ecológica" del rescate de la palabra porque, como el mago todopoderoso de El nombre de la ballena , de Marcelo Birmajer (FCE, 2009), hemos comprendido que "en cualquier idioma se puede aprender a decir la palabra PAZ". © LA NACION

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