Provincias Unidas

Por Julio César Moreno Para LA NACION
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14 de mayo de 2003  

El artículo 35 de la Constitución Nacional dice: "Las denominaciones adoptadas sucesivamente desde 1810 hasta el presente, a saber: Provincias Unidas del Río de la Plata, República Argentina y Confederación Argentina, serán en adelante nombres oficiales indistintamente para la designación del Gobierno y territorio de las provincias, empleándose las palabras Nación Argentina en la formación y sanción de las leyes".

Esta norma, en desuso desde hace mucho tiempo, parece adaptarse al nuevo mapa político surgido de las elecciones del 27 de abril, que refleja una suerte de equilibrio territorial entre tres candidatos presidenciales, lo que daría una renovada vigencia a términos como Provincias Unidas o Confederación, en detrimento de los de República o Nación.

Si se mira el mapa, se verá que Carlos Menem se impuso en casi todo el norte, el litoral y parte de la región central; Néstor Kirchner, en toda la Patagonia y en la provincia de Buenos Aires (con un rebote en Jujuy y Formosa), y Adolfo Rodríguez Saá en todo Cuyo y el sudoeste cordobés. Las excepciones fueron la Capital Federal, donde ganó Ricardo López Murphy, y Santa Fe, donde se produjo un virtual empate entre Menem y Elisa Carrió.

Parecería que se hubieran restaurado los límites geográfico-naturales del antiguo territorio argentino, antes de que se definieran con exactitud las fronteras provinciales. Faltaría que se reincorporaran Bolivia, Paraguay y Uruguay para tener de nuevo el Virreinato del Río de la Plata. Pero, en todo caso, la denominación Provincias Unidas del Río de la Plata se ajustaría bastante al esquema geopolítico posterior al 27 de abril.

Resulta interesante el fenómeno de Rodríguez Saá, que se impuso ampliamente en San Juan, Mendoza, San Luis y también en seis departamentos del sudoeste de Córdoba y cuatro del norte de La Pampa, que en otros tiempos constituían en total una vasta región, en la que los intercambios comerciales, el clima y las vías de comunicación le daban una fisonomía propia. La ciudad de Córdoba, en cambio, parece ser de nuevo el punto de partida del camino del Norte, que en otra época llegaba hasta Perú, pero que ahora se detuvo en Jujuy (no por un imperativo geográfico sino por la influencia del gobernador Eduardo Fellner, que llamó a votar por Kirchner).

Se da así una paradoja: durante diez años el poder presidencial fue ejercido por un hombre del norte del país (Menem), y ahora puede volver a sus manos o pasar a las de un hombre del Sur (Kirchner). Esa combinación electoral de las provincias patagónicas y el Gran Buenos Aires, que fue la base electoral de Kirchner, es uno de los fenómenos más interesantes de la primera vuelta.

Pero más allá de estos juegos geoelectorales, lo cierto es que el tema del federalismo está de nuevo sobre el tapete, y con mucha fuerza. El poder y la mayoría electoral absoluta siguen concentrados en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, esa gran deformación demográfica sobre la que advirtieron -en vano- los hombres ilustrados del siglo XIX y los grandes caudillos provinciales, en tiempos en que el país podía llamarse aún Provincias Unidas del Río de la Plata.

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