Qué se espera de la oposición

Alejandro Máximo Paz Para LA NACION
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16 de diciembre de 2009  

La Argentina padece, desde hace muchos años, un grave proceso de decadencia, que se manifiesta en casi todos los órdenes. No obstante, la declinación más pronunciada se revela en el accionar político institucional, al punto de quedar en situación de peligro la subsistencia de la República. De ahí que el ciudadano se pregunte con angustia sobre qué es lo que se puede hacer para que, en el país, vuelva a imperar la ley y funcionen las instituciones. Con algo más que una pizca de esperanza, la conciencia cívica añade otro interrogante: ¿qué va a hacer la oposición?

La forma de reencontrar la vida que se anhela consiste en proyectar un régimen democrático sólido y perdurable. Por éste se entiende -en el decir de Leo Strauss- al régimen en el cual el control está en manos de un grupo bastante grande, con un nivel razonablemente alto de virtud cívica y de moderación. Si se comparte este concepto, el camino para organizar, mantener y desarrollar este grupo que controle el sistema es, básicamente, por medio de los partidos políticos. Los logros y las virtudes individuales honran a sus autores y ayudan al sistema, pero no llegan a sostenerlo de manera suficiente.

Los partidos políticos opositores deben atender a tres frentes.

El primero, por medio de sus dirigentes, que deberán proceder con la mayor atención en el control de la actuación del gobierno. Los legisladores tienen, a partir del 10 de diciembre, una tarea muy importante. Deben poner especial atención en una futura ley impositiva o financiera o participativa (con llamado a consulta popular frente a un posible veto) que tenga por objeto limitar la principal arma del actual gobierno. O sea, acotar el manejo de la caja como forma de gobernar.

Debemos recordar que si hubiera habido un verdadero orden fiscal federal -todavía existe un imperdonable vacío institucional al respecto- resultaría realmente difícil que aquello hubiera podido ocurrir. También deberán tener en claro los legisladores, en este período, que sólo se podrá lograr en el Congreso de la Nación el urgente nivel ético y republicano si se actúa de consuno entre el mayor número posible de fuerzas políticas.

El segundo aspecto concierne a la necesidad de que los colaboradores y afiliados, en especial la juventud, sean orientados por los dirigentes no sólo en relación con los postulados partidarios, sino, especialmente, en cuanto al conocimiento y a la custodia del régimen democrático.

El tercer frente está referido a los equipos técnicos. Estos, conforme a su especialidad y a los variados equipos con numerosa integración, deberían estar trabajando en el análisis de cada área, en contacto con legisladores o con los asesores de éstos. Es indispensable desarrollar objetivos y elaborar proyectos de leyes, de forma de ir diseñando programas de gobierno. En ese sentido, resultó alentadora la noticia de que la UCR ya ha comenzado con la selección de sus equipos técnicos. Ello implica que podría variar la brújula política, abandonándose el fatigoso cúmulo de denuncias para ingresar en una atractiva diversidad de propuestas. Lo más importante, cabe insistir, resulta que los dirigentes e integrantes de los partidos políticos y los miembros de los equipos técnicos conformen un grupo que no sólo participe en un proyecto común al cabo de ruedas de consenso, sino que, tal como se señaló al comienzo, se integren a una fuerza que se sumará para recomponer y para sostener un sistema democrático sólido.

El esfuerzo lo emprenderá cada agrupación con miras a 2011, fecha en la que se podrá estar en el poder o participar de él, o bien continuar en la oposición. En uno u otro caso, tendrán todos que seguir trabajando con miras a 2015 y pensando una Argentina para dentro de diez, veinte y treinta años. No está de más tener presente que a los países cuyos dirigentes proyectan el futuro les va bien, no así a los que no saben escapar de la coyuntura. De cualquier forma, en el poder o fuera de él, todas las fuerzas opositoras deberán recordar que las instituciones, que son de todos y que todos necesitamos, sólo se preservan cuando cuentan en su favor con una conciencia política general activa.

Si la democracia es el sistema de convivencia que permite el desarrollo de las potencias creadoras del hombre en orden y en libertad, con resguardo de los valores de seguridad y de justicia, la prioridad reside en recuperar el sistema, que hoy se muestra lastimado. No le cabe, pues, a los partidos políticos de oposición otra tarea que la de aunar esfuerzos para responder a esa razonable aspiración cívica, que no pretende nada excepcional o brillante, sino apenas una vida colectiva sin sobresaltos en un país digno.

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