¿Quién custodia al custodio?

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4 de mayo de 2003  

La expresión del título surgió históricamente para describir la situación que se genera cuando el guardián de todas las garantías -el propio Estado- se convierte en uno de sus violadores.

El tema que nos ocupa no está relacionada directamente con el Estado, pero afecta a una de sus principales funciones: la de velar por la seguridad de los ciudadanos. Nos estamos refiriendo a la conducta de los custodios de las discotecas, que ha cruzado el umbral de lo tolerable.

A nadie se le escapa que parte de la juventud no es precisamente respetuosa de las reglas, que consume alcohol y estimulantes, y que su comportamiento es a veces agresivo y a menudo deja mucho que desear. Tampoco se ignora que los dueños de los locales bailables hacen todo lo posible para que el consumo sea lo más alto posible y no reparan en edades ni en prohibiciones. Los mismos horarios están pensados para fomentar la excitación artificial, y en esto nadie debe ser ingenuo.

Pero la violencia que despliegan los "patovicas" -como se denomina popularmente a los custodios de los locales- va más allá de toda tolerancia y parecería que las autoridades nada hacen al respecto. Tiempo atrás, un "patovica" era un fisiculturista que ansiaba emular a Charles Atlas, construyendo un cuerpo de musculatura ejemplar. Hoy, la terminología describe a forzudos que se dedican a poner orden entre los clientes revoltosos de un establecimiento bailable. No es nuevo el oficio. Lo que sí es nuevo es el ensañamiento que despliegan estos modernos pretorianos. Ver a tres o cuatro custodios pateando y golpeando a un joven, posiblemente intoxicado, que hay que sacar del local, ha pasado a ser algo habitual.

Todas las policías del mundo, especialmente las antimotines, enseñan cómo reducir a un sujeto por la fuerza sin necesidad de golpearlo. Las artes marciales tienen especialidades que también fomentan la neutralización del ataque del adversario mediante técnicas que no incluyen el golpe feroz, destinado a lastimar y destruir, sino la inmovilización del contrincante. Si se seleccionan hombres con físicos privilegiados, es inaceptable que no se los someta a tests psicológicos que aseguren la ausencia de tendencias sádicas y, a la vez, que no se incluya entre las capacidades requeridas la destreza en las técnicas que hemos descripto. Existen mujeres policías capaces de reducir a un asaltante en el combate sin armas, ¿cómo es posible que dos o tres custodios no puedan reducir a un muchacho descontrolado, sin necesidad de romperle la cara, quebrarle varias costillas y causarle lesiones internas de difícil pronóstico?

Es imperioso e importante que se tomen cartas en el asunto, se establezcan requisitos serios para conceder las licencias y se condene severamente a los dueños de los locales a indemnizar todo daño físico y moral que se produzca a los clientes de sus locales, estén o no alcoholizados, pues el alcohol es expendido por el propio dueño del negocio, de modo que sus excesos forman parte del riesgo empresario. Y, por sobre todas las cosas, es necesario que alguien "custodie a los custodios", para evitar que los lamentables episodios de los que informa la crónica se sigan repitiendo semana tras semana.

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