¿Quién mató a Facundo Cabral?

Alina Diaconú
Alina Diaconú PARA LA NACION
Su mensaje y su trágico final no hacen sino despertar las conciencias sobre la violencia en sus tantas formas
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9 de julio de 2012  • 00:04

Ojalá haya muchos homenajes en su memoria. Porque hoy, hace exactamente un año y, justo en el Día de la Independencia argentina, mataban a tiros -en Guatemala- a nuestro querido cantautor y trotamundos, Facundo Cabral.

En aquel momento, la noticia fue que las balas asesinas, tiradas por sicarios, iban contra el que conducía el auto, el empresario nicaragüense Henry Fariña (quien se salvó), pero que una de ellas entró en la cabeza del que iba a su lado, el artista argentino, quien perdió así, de una manera tan trágica e inesperada, la vida.

Había en el automóvil, alguien más ¿un representante? ¿Qué ocurrió con él, qué se sabe?

Se habló de ajustes de cuentas, de narcotráfico, pero aquí, en su país, salvo el hecho en sí, poco supimos durante todo este tiempo de lo que realmente pasó y de por qué pasó.

Recuerdo el velatorio, en el teatro ND Ateneo de Buenos Aires donde hacía poco lo había oído cantar y charlar con Betty Elizalde. El ataúd metálico, cerrado, color verde claro, la consternación de la gente, todo era tan paradojal, tan desolador.

Un pacifista a ultranza había sido alcanzado por una ráfaga de violencia, asesinado a sangre fría y, además, por error. Un hombre ético contratado – para cantar y dar su mensaje- por alguien que –obviamente - andaba en negocios más que turbios.

Cómo es posible que en la Argentina no estemos enterados, con todos los detalles correspondientes, de este infame episodio, de las motivaciones

Hace muy poco tiempo, en un noticiero de televisión vi un flash donde mostraban a un individuo joven y robusto, a quien habían esposado y que –decían- era el autor intelectual del crimen, cuyo blanco resultó ser –por equivocación- Facundo Cabral. La noticia pasó como un rayo y no se habló más.

El hombre detenido era Alejandro Jiménez, costarricense, alias "El Palidejo", de 38 años, que fue apresado en el mes de marzo de este año, mientras navegaba en su barco, en aguas colombianas del Pacífico. Ex amigo de Henry Fariña ( ligado, por lo que se supo después, al lavado de capitales e investigado por narcotráfico), Jiménez se había distanciado de éste por asuntos de dinero y la situación había llegado a tal extremo que había decidido matarlo. En Colombia detectaron rápidamente que era él el responsable de la muerte de Facundo Cabral, por lo cual fue enviado a Guatemala, donde se había perpetrado el asesinato.

En cuanto a los autores materiales del crimen, los dos sicarios acusados ( Enrique Vargas Hernández y Wilfred Allan Stokes) fueron hallados y detenidos tres días después del trágico episodio.

Y me pregunto: cómo es posible que en la Argentina no estemos enterados, con todos los detalles correspondientes, de este infame episodio, de las motivaciones, de las vendettas, de los carteles involucrados, etc.

¿Fueron los aquí mencionados los únicos responsables, hubo otros cómplices, otros testigos, quiénes, cómo, por qué? Las autoridades nacionales ¿no deberían ocuparse del caso? ¿La Cancillería no debería informar a la gente?

Facundo Cabral era muy querido aquí y en todas partes. Su mensaje y su trágico final no hacen sino despertar las conciencias sobre la violencia en sus tantas formas

Como ya sabemos, Facundo Cabral era muy querido aquí y en todas partes. Su mensaje y su trágico final no hacen sino despertar las conciencias sobre la violencia en sus tantas formas, donde el narcotráfico y el lavado de dinero estén quizás en la cabecera de los actos más viles y sangrientos.

Y resuenan ahora en mi mente aquellos versos de Facundo que decían:

Aprende a vivir/aprende a vivir sin matar/aprende a vivir con la muerte/y aprenderás a morir.

El creía que uno moría cuando le perdía el temor a la muerte.

En su caso, era así. Su intenso trabajo espiritual, su aceptación de la enfermedad, su alegría de vivir y de amar lo habían hecho superar el miedo a la muerte, a la cual consideraba sólo "una mudanza". Su vida fue una novela, una novela desde el comienzo hasta el fin. Pero nadie imaginaba que terminaría siendo una novela policial .

"Me gustaría terminar mi vida como tú, cantando de pueblo en pueblo, de país en país" le había confesado un día, en Madrid, Rafael Alberti.

Su intenso trabajo espiritual, su aceptación de la enfermedad, su alegría de vivir y de amar lo habían hecho superar el miedo a la muerte

La cosa fue así y no fue tan así. Porque la muerte lo encontró después de un recital en Guatemala, camino hacia otro recital en Nicaragua, pero no con la placidez que da a entender Alberti y que emanaba de Facundo como una luz, sino con el estremecimiento de un trueno, con el ritmo de un thriller y ese tufillo a mafia y droga que marcó de un modo tan paradójico su partida.

En su libro "Ayer soñé que podía y hoy puedo" Cabral manifestaba: "Mi vida es una saga planetaria (...) Hay aeropuertos, hoteles, teatros, restaurantes, librerías y barcos, hay cafeterías y automóviles que son un espejo de mi vida, como mis canciones". Y más adelante, decía: "Acepto todo, por caótico que parezca, porque son regalos que me acerca el azar, que sabe lo que hace".

No sé si es casual que el crimen se haya producido en un automóvil, (una camioneta blindada), a la salida de un hotel de Guatemala, en el bulevar Liberación, rumbo al aeropuerto llamado La Aurora, un día 9 de julio, fecha de la Independencia argentina.

A través del caos y de la violencia, Facundo Cabral se dirigía hacia la "independencia" de los agobiantes dolores del cuerpo (lo cual podría verse también como un "regalo", un triste regalo), buscando la "aurora" que Cristo y las filosofías orientales le habían señalado, rumbo a la "liberación" final.

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