Razón de ser de las Fuerzas Armadas

Por Juan Carlos Mugnolo Para LA NACION
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22 de agosto de 2001  

"SERAS lo que debas ser, y si no, no serás nada", reza la máxima sanmartiniana que se hace presente, hoy más que nunca, en la vida de los argentinos.

Los momentos de cambio que se viven en nuestro país imponen la necesidad de responder a ciertos interrogantes que la sociedad podría formularse tales como: "¿Para qué queremos nuestras Fuerzas Armadas?

La ley 23.544 -actualmente vigente- establece, en su artículo 2°, que la "Defensa Nacional es la integración y acción coordinada de todas las fuerzas de la Nación para la solución de aquellos conflictos que requieran el empleo de las Fuerzas Armadas, en forma disuasiva o efectiva, para enfrentar las agresiones de origen externo".

Por su parte, el decreto del 1196/96 del Poder Ejecutivo de la Nación establece como misión principal de las Fuerzas Armadas la de "planear el empleo del instrumento militar en forma disuasiva y efectiva, frente a los riesgos y eventuales amenazas externas, a fin de proteger y garantizar de modo permanente los intereses vitales de la Nación".

Al respecto, son conocidas las expresiones públicas de autoridades constitucionales que se refieren a la importancia de estas definiciones. Entre ellas, vale citar, por su trascendencia, las enunciadas por el presidente de la Nación en la comida de camaradería, el 5 de julio de 2000, cuando afirmó que "no hay Nación sin Defensa, ni Defensa sin Nación". Sobre el mismo tema, se destaca la iniciativa del ministro de Defensa Dr. José H. Jaunarena, convertida hoy en la Ley de Reestructuración de las Fuerzas Armadas, en la cual leemos: "La política de defensa implica la protección de los intereses vitales de la Nación Argentina". Por su parte, en un artículo sobre las Fuerzas Armadas publicado el 24 de septiembre de 1999 en LA NACION, el Dr. Domingo F. Cavallo señaló que "en materia de defensa las negligencias de hoy hacen sentir sus efectos en el muy largo plazo y sus consecuencias son frecuentemente gravísimas".

Aquí merecen citarse los conceptos de "legítima defensa" (artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas) y de "seguridad de los Estados" (definido por el secretario general de la ONU en 1986) como instrumentos válidos para el resguardo de los "intereses vitales de la Nación", inmutables y permanentes, que son:

  • Soberanía e independencia de la Nación.
  • Integridad territorial y capacidad de autodeterminación.
  • Vida, libertad, justicia y derechos individuales de los habitantes.
  • Preservación de los recursos naturales.
  • Los cambios

    El tema central en relación con el cambio es lo que "les sucede a las personas cuando toda la sociedad en que viven inmersas se transforma de pronto en algo nuevo e inesperado". Con estas palabras, Alvin Toffler comienza su libro El cambio del Poder , cuya tesis gira alrededor del fenómeno del cambio.

    ¿Pero dónde está el cambio para nosotros? Precisamente, no en los intereses vitales de la Nación que, como se expresó, son permanentes y requieren el máximo esfuerzo de la Defensa Nacional. Hoy, el cambio debe buscarse, básicamente, en el escenario internacional, donde nuevas amenazas y desafíos a la paz y seguridad internacionales aparecen con ganada imprevisibilidad y variedad.

    El extraordinario avance científico-tecnológico en el campo militar, catalogado como una "revolución en los asuntos militares", constituye otro factor de cambio. Los descubrimientos científicos, su adaptación a los sistemas de armas, su incorporación a la doctrina militar, amenazan con alterar profundamente la conducta y la naturaleza de los conflictos armados.

    En consecuencia, se debe desarrollar un instrumento militar que asegure al país una adecuada capacidad de defensa de sus intereses vitales, y que permita a la política exterior de la Nación contribuir a la paz y seguridad internacionales, así como a la mitigación de las penurias humanas causadas por catástrofes naturales. Lo básico consiste en disponer del poder militar adecuado para cumplir con la misión principal y, en forma secundaria, coadyuvar a la construcción de un mundo mejor.

    No deberíamos concluir que la globalización conlleva la desaparición del concepto de conflicto. Por el contrario, éste existe y existirá siempre, ya que el conflicto, así como la búsqueda de la paz, son partes constitutivas de la condición humana. Por esa razón podemos decir, sin temor a equivocarnos, que las Fuerzas Armadas están legitimadas no por la existencia del conflicto, sino por la existencia del Estado.

    La dimensión

    En su estudio sobre "Desarrollo Internacional Comparado", el investigador David Pion-Berlin comprueba que, en el quinquenio inmediato y posterior al conflicto de las Malvinas, la Argentina registró una de las más drásticas reducciones del gasto de Defensa. Esa declinación del 42 por ciento significó la caída presupuestaria más grande de América del Sur, fenómeno que el autor considera como "particularmente peligroso para un país con tan pequeña cantidad de población y tan vasto territorio". Pion-Berlin agrega además que "el impacto en las Fuerzas Armadas argentinas fue más profundo que en cualquier otra época".

    Podemos afirmar que las Fuerzas Armadas han llevado a cabo una fuerte racionalización y reestructuración, lo que les permitió llegar al año 2001 con un presupuesto en gastos e inversiones menor al diez por ciento en relación con el que se disponía en los años 80. El déficit cero es una realidad que en el terreno militar lleva ya más de diez años.

    No debe creerse, entonces, que en el momento actual la solución debe buscarse en disolver o reducir elementos de las Fuerzas Armadas, sino, por el contrario, en desarrollar aquellas medidas que permitan optimizar y hacer interoperables nuestros recursos humanos y materiales.

    Cuando se piensa en nuestras Fuerzas Armadas, no debe primar un criterio economicista. El exclusivo enfoque fiscal en Defensa es muy riesgoso; desconocer la realidad que se vive lo es más. Tratar de cambiarla para bien es, sin duda, nuestra gran responsabilidad. Hoy más que nunca, debemos pensar en la mejor finalización del proceso de reestructuración y modernización. Muy pocos -y entre ellos se cuentan las Fuerzas Armadas- conocen qué hacer con tan escasos recursos. Pensemos, por lo tanto, en cómo transformar el instrumento militar para que constituya un modelo actualizado y eficiente.

    Ha llegado el momento del más complejo y detallado análisis para salir de la coyuntura de lo urgente y asumir lo importante.

    Lo que debe iluminar esa tarea es la misión principal de las Fuerzas Armadas: preservar los intereses vitales de la Nación. De este modo, la máxima sanmartiniana será honrada y se contribuirá a que la Argentina sea, realmente, lo que debe ser.

    El teniente general Juan Carlos Mugnolo es jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas.

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