Recomponer el tejido social sin prácticas clientelísticas

No habrá reducción de la pobreza y la indigencia sin crecimiento económico robusto y sostenido. Los niños y adolescentes deben ser la prioridad
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25 de mayo de 2003  

El país se enfrenta a una ruptura del tejido social sin precedentes en su historia por su profundidad, extensión y duración. Los indicadores sociales relacionados con la pobreza, la indigencia, el desempleo y la caída de las remuneraciones reales exhiben un impresionante quiebre de tendencia. A su vez, los indicadores asociados a la salud y nutrición de niños/as y adolescentes muestran reversiones de una significativa dramaticidad.

Igualmente grave: la infraestructura de servicios públicos que debería acompañar y responder a los tremendos problemas generados particularmente en los sectores de salud y educación presenta un creciente deterioro en términos de equipamiento adecuado, provisión de insumos básicos y carencia de programación logística.

A pesar de respuestas solidarias admirables surgidas en la sociedad civil predomina un "clima" social de inseguridad y de falta de protección. Así, los que tienen empleo temen perderlo; los que se encuentran vulnerables temen caer en el abismo; los que ya cayeron en la pobreza, la indigencia o la falta de empleo temen que nunca retornarán de esa tragedia, y los que se encuentran en una situación de solvencia económica temen ser despojados por la expansión inusitada del delito.

Las crisis macroeconómicas son hoy, después de las guerras, las principales causantes de pobreza. Por otro lado, la experiencia en América latina señala que no hay reducciones significativas en la pobreza y la indigencia sin un crecimiento económico robusto y sostenido. Por lo tanto, las contribuciones al mejoramiento de la situación social y generación de empleo que tiene una buena gestión macroeconómica son incuestionables. Pero la economía se construye con la sociedad y no contra ella.

La política social está intrínsecamente asociada a la construcción de sociedades más igualitarias a través de un mejoramiento en la distribución de la riqueza y el ingreso. Pero nadie podría ser ingenuo en este punto: la distribución de los ingresos corre paralela al poder económico sólo que en un sentido inverso. Es por ello que "lo social" es una cuestión política fundamental para la sustentación de la gobernabilidad. Y sobre el paño de los desafíos descriptos no deben perder relevancia los objetivos de una gestión eficiente en las áreas específicas del desarrollo social, puesto que una gran cantidad de recursos ya asignados son utilizados con muy baja productividad y transparencia. Algunas reformas sustantivas son más que aconsejables.

En primer lugar, se necesita impulsar la sinergia entre lo social y lo productivo. Se hace imprescindible implementar una política para desarrollar un "social-productivo", esto es, mover la enorme estructura de subsidios existente hacia una inserción productiva. Se trata de favorecer nuevos estilos de asociación económica, como empresas sociales y emprendimientos productivos, con el apoyo de tecnologías de gestión y creativos sistemas de financiamiento para la iniciación de actividades económicas. Hay que aumentar los encadenamientos positivos entre los sectores económicos de tamaño medio y pequeño y los beneficiarios de los programas sociales. El objetivo es una liberación progresiva de toda forma de dependencia basada en una "ciudadanía subsidiada".

En segundo lugar, el Estado debe recuperar el poder configurador de la política social. Es fundamental una política de convergencia en la gestión pública y entre ésta y la sociedad civil. Hay que controlar la competencia improductiva interministerial y el interior de los ministerios. Se debe eliminar toda duplicación de esfuerzos entre los niveles nacional, provincial y municipal y la gran cantidad de "archipiélagos" sociales existentes.

En tercer lugar, se requiere una política de transparencia para evitar las enormes pérdidas de recursos que comportan el clientelismo y la perversión de los sistemas de dominación política. La informatización de todo el sistema de transferencias sociales es impostergable. Es también relevante implementar Consejos para la Participación Social a nivel municipal con instrumentos concretos como el presupuesto social participativo.

Finalmente y en el contexto presente, la tarea de priorizar es crucial. A corto plazo, nada hay moralmente más prioritario ni económicamente más redituable que la atención a niños y adolescentes. Y fundamentalmente se necesita una inversión sostenida y consistente en educación para generar un desarrollo "educocéntrico" puesto que el conocimiento es la verdadera condición de acceso a la ciudadanía.

El autor es especialista en Política Social y consultor de la Oficina Regional de Unicef.

La ministra

Gran hermana

Alicia Kirchner tiene 55 años y es la hermana mayor del Presidente. Es licenciada en Servicio Social y doctorada en Trabajo Social.

Trabajo Social

En los setenta, colaboró activamente en Caritas. Fue subsecretaria de Acción Social de Santa Cruz y después ocupó la secretaría de Promoción Social de Río Gallegos. Durante el primer gobierno de su hermano fue ministra de Acción Social y entre 1995 y 1997 fue asesora de su cuñada, la senadora Cristina Kirchner. A partir de ese año y hasta su nombramiento fue ministra de Asuntos Sociales.

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