Reseña: Conspiración, de Luke Harding

Una intriga de espías verdaderos
Ana María Vara
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11 de marzo de 2018  

Dos presidentes norteamericanos debieron enfrentar el impeachment en los últimos cincuenta años: Richard Nixon y Bill Clinton. Donald Trump podría ser el tercero. La investigación del fiscal Robert Mueller sobre la intervención rusa en las elecciones presidenciales de 2016 -sobre todo, facilitando a la campaña de Trump correos electrónicos de Hillary Clinton- apunta a cargos por connivencia y obstrucción a la justicia. El fin de la historia, sin embargo, parece previsible: con mayoría republicana en el Congreso, es poco probable que el impeachment avance.

Ahora bien, que la investigación judicial pueda cerrarse sin grandes sobresaltos no supone que la trama carezca de intriga. Conspiración. Cómo Rusia ayudó a Trump a ganar las elecciones, de Luke Harding, es buena muestra de la complejidad del caso y de sus tintes rocambolescos. También, de la continuidad del espionaje masivo entre Oriente y Occidente después de la caída del muro.

Harding es periodista de The Guardian. Por cuatro años, fue corresponsal en Moscú, hasta que en 2011 resultó expulsado, según cree, por sus notas poco halagüeñas sobre Vladimir Putin. Pero no hay que olvidar que Harding es también autor de un libro sobre Alexander Litvinenko, el ex agente ruso asesinado con polonio radiactivo en Londres, tras denunciar la vinculación de la mafia rusa con el gobierno y colaborar con los servicios secretos británicos. Un episodio que ganó actualidad estos días, con el envenenamiento del ex espía Sergei Skripal y su hija.

En el relato de Harding, el interés de los soviéticos por Trump comienza en 1977, cuando se casa con Ivana, nacida en Checoslovaquia. El promisorio empresario es narcisista, mujeriego y codicioso, debilidades que lo convierten en blanco perfecto para los espías soviéticos. En 1987 es invitado a Moscú a través de la agencia Intourist, conocida por su vinculación con la KGB. En esos días, según cuenta el propio Trump en su libro El arte de la negociación, tiene entrevistas con distintos funcionarios. Harding aclara que no cree que Trump haya sido reclutado por la KGB, pero sí que quizá los rusos hayan acumulado un expediente suficientemente voluminoso como para influir en sus decisiones.

Buena parte de la investigación de Harding se basa en un informe de Christopher Steele, ex agente británico reconvertido del espionaje estatal al privado, que llegaría hasta el escritorio de Barack Obama a fines de 2016. Esas páginas señalan 2008 como el año en que la relación de Trump con Putin empieza a tomar color. Si bien, como Trump declaró, no tiene negocios oficiales en Rusia, el informe revela importantes líneas de colaboración. La sospecha es que Trump podría haber pasado información a Putin (un obsesivo del control) sobre los movimientos de magnates rusos en Estados Unidos, a cambio de financiación por canales informales.

Dos caminos son clave. Uno es el negocio inmobiliario. Por ejemplo, la sustanciosa diferencia entre el precio a que Trump compró una mansión en Florida en 2004 (41 millones de dólares) y el precio al que la vendió a un discreto empresario ruso poco después: 95 millones, en plena crisis inmobiliaria. El segundo involucra al Deutsche Bank, que siguió prestando dinero al empresario incluso después de que en 2008 dejara de pagar un préstamo por 330 millones de dólares; mientras, en simultáneo, el banco estaba recibiendo capitales del lavado ruso por miles de millones, operaciones por las que recibió multas en Estados Unidos y Gran Bretaña.

¿Y cuál sería el interés de Putin en la presidencia de Trump? Un objetivo más o menos obvio podría ser el levantamiento de las sanciones económicas contra Rusia iniciadas en 2014, tras la crisis en Ucrania. Sobre el hackeo a los demócratas, fuerte ariete contra Hillary en la campaña, baste agregar que los rusos también se hicieron de correos de los republicanos, pero que no los hicieron públicos.

Más allá del juicio, Conspiración revela la punta de un iceberg que se deduce inmenso sobre la inteligencia entre los países centrales, campo de acción magnificado por las nuevas tecnologías. Imposible no imaginar, no temer, con qué facilidad estas actividades se extienden a los países en desarrollo como el nuestro, cuyos recursos para la contrainteligencia son infinitamente menores.

CONSPIRACIÓN

Por Luke Harding

Debate. Trad: Francisco J. Ramos Mena. 345 págs., $ 399

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