Reseña: El meteórologo, de Olivier Rolin

Una vida real con fondo de totalitarismo
Una vida real con fondo de totalitarismo
Felipe Fernández
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21 de enero de 2018  

“En mi alma hierve una gran indignación. ¿Con qué derecho se pueden infligir estos sufrimientos a un honrado servidor del Estado?”, se queja en junio de 1935 Alekséi Feodósievich Vangengheim, el desdichado biografiado de El meteorólogo, libro del francés Olivier Rolin (Boulogne-Billancourt, 1947) que cuenta la caída en desgracia de aquel durante la dictadura de Stalin.

Vangengheim había nacido en 1881 en un pueblo de Ucrania. Estudió en el Instituto Politécnico de Kiev y en el Instituto Agronómico de Moscú. Aunque era hijo de un noble, cuando se produjo la Revolución se unió al bando de los Rojos y en 1930 fue nombrado director del Servicio Hidrometeorológico Unificado de la URSS. Ya en esa época había anticipado las inmensas posibilidades de la energía eólica (“el viento puede transformar los desiertos en oasis”) y de la energía solar.

A pesar de su absoluta fidelidad al régimen comunista, en 1934 Alekséi Feodósievich es detenido, acusado falsamente de liderar una organización contrarrevolucionaria en el Servicio Meteorológico para “sabotear la lucha contra la sequía desorganizando la red de los observatorios y falsificando sus previsiones”.

Rolin, autor entre otros libros de Méroé, sin idealizar al protagonista de El meteorólogo, desarrolla una fuerte empatía por él. Se preocupa por lo que debe haber sentido y en muchos pasajes, al eliminar las comillas, brinda la ilusión de una mayor intimidad para los lectores, como si Vangengheim estuviera narrando sus desdichas sin intermediarios. Gran parte del material obtenido por el escritor francés parece provenir de las cartas que el meteorólogo ucraniano le escribió a su segunda esposa. En otros pasajes acude a las hipótesis para llenar los huecos de su historia : “Supongo –pero tal vez me equivoque–…”.

La tendencia a una biografía novelada se equilibra con las precisiones y los análisis propios de un ensayo histórico que aborda las atrocidades del estalinismo, en especial las cometidas durante el período conocido como “Gran Terror” (1937-1938), en el que “unas setecientas cincuenta mil personas serán fusiladas”.

En el contexto de la política de aniquilamiento de presuntos opositores, practicada por el “padre de los pueblos”, se examina la función que cumplieron las distintas encarnaciones de la policía secreta (Cheka, GPU, NKVD) y los campos de concentración soviéticos.

Vangengheim es enviado a uno de estos campos, situado en las islas Solovkí, en el mar Blanco, condenado a diez años de “reeducación por el trabajo”. Al contrario de la gran masa de reclusos que se dedican a cortar árboles, Alekséi Feodósievich –en una situación más “privilegiada”– es destinado a los invernaderos. En sus ratos libres con pedazos de piedra hace mosaicos entre los cuales figuran ¡dos retratos de Stalin! Si bien progresivamente va perdiendo la esperanza de que se imponga la verdad y sea liberado, le escribe unas siete cartas al dictador y se asombra de no recibir ninguna respuesta.

Rolin muestra cierto fastidio ante la ingenuidad de Vangengheim: “Nos habría gustado que hubiera sido más lúcido, más rebelde, pero no, seguía siendo un buen militante comunista, un buen soviético atiborrado de ideología”. A fines de septiembre de 1937 le anuncia a su esposa que lo trasladarán al continente. Es la última carta que escribe antes de embarcarse, junto con otros mil ciento quince prisioneros, rumbo a Kem. Nada volverá a saberse sobre la suerte corrida por ellos hasta sesenta años después.

El meteorólogo consigue unir emocionalmente la reconstrucción de un destino individual a la de un destino colectivo. Sugiere que el estalinismo fue una variante totalitaria aún más paranoica que el hitlerismo o el maoísmo. En la tragedia de Vangengheim resuena un eco absurdo y aterrador porque el autor debe recordarnos que se trata de una historia verídica y no de una ficción urdida por Kafka o Beckett.

EL METEORÓLOGO

Olivier Rolin

Libros del Asteroide

Trad.: M. Aguayo

186 págs., $ 48

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