Respuesta

Hugo Caligaris
Hugo Caligaris LA NACION
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25 de abril de 2004  

"La respuesta que damos es integral. Abarca distintas áreas de gobierno que requieren tiempo para su coordinación."

(De Eduardo Epszteyn, secretario de Producción, Turismo y Desarrollo Sustentable del Gobierno de la Ciudad, al anunciar los trabajos realizados en la plaza Roberto Arlt.)

Para limpiar una plaza se necesita coordinar una serie de factores. "¿No alcanza con una escoba?", preguntan los desconocidos de siempre. Hay que darles una respuesta enérgica: "¡Reduccionistas, no simplifiquen lo complejo!". Para empezar, el incidente de suciedad debe llegar al conocimiento de los funcionarios. Luego, representantes de diversas áreas de gobierno examinan el problema, primero en soledad o con el consejo de asesores y después en reuniones de trabajo que pueden incluir algún retiro espiritual en un spa. Una vez debatido el tema, se debe someter la conclusión al jefe máximo a cargo del caso. Sólo entonces, y mientras se le dibuja en la frente una arruga, fruto de su responsabilidad, el secretario de Producción, Turismo y Desarrollo Sustentable dice: "Barran".

La placita Roberto Arlt queda a la vuelta de la municipalidad porteña, pero eso no aceleró los trámites, ya que, como bien dice el Principito, lo esencial es invisible a los ojos. Durante un año el simpático paseo estuvo sumido en la basura. ¿Podríamos decir, entonces, que la respuesta demoró doce meses? Si es así, que se agarren los que viven cerca de otros parques igualmente estropeados, pero más alejados de CAOS, el Centro de Actividades Operativas y Sanitarias del gobierno metropolitano.

Pero tal vez no sea así y la respuesta haya tardado muy poco, sólo las horas que pasaron entre las denuncias de los medios y la decisión de barrer la placita. Si esto se confirmara, se podría decir que la velocidad de respuesta fue directamente proporcional a los diarios. Bueno, ¿y qué? ¿Está mal gobernar respondiendo tan sólo a lo que pide la gente? Desde el Ministerio de Educación, también consultarán a la población para ver qué espera de la ciencia en la próxima década y proceder en consecuencia. ¿No es democrático y, a su manera, sabio? ¿Quién podría negar que cuando no se tienen preguntas propias lo mejor es ofrecer a cambio respuestas ajenas?

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