Riesgos que genera la cultura

Norberto Firpo
Norberto Firpo LA NACION
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22 de junio de 2002  

A sabiendas de que se embarcaba en una misión casi imposible, un grupo de intelectuales y artistas argentinos fundó días atrás el Movimiento Integrador de la Cultura Nacional (Micuna). A ninguno de esos intelectuales y artistas -Manuel Sadosky, Atilio Stampone, Gregorio Klimovsky, Guillermo Roux y Susana Rinaldi, entre ellos- le importó que los núcleos de la cultura nacional sean inestables en grado sumo y se desintegren mucho más fácilmente que los del uranio o los del plutonio, con efectos igualmente espeluznantes.

Heroicos, los conmilitones del Micuna decidieron exponerse a ese riesgo, en salvaguarda de la ya maltrecha dignidad ciudadana. Como se sabe, la polución radiactiva que en estos últimos años desencadenaron políticos y economistas ultravioletas deterioró sensiblemente el sistema inmunológico de la dignidad ciudadana, a extremos de que tanto la cultura del trabajo como la del esfuerzo coherente y honrado se convirtieron en polvo cósmico.

LA NACION del jueves 6 informó que el acta bautismal del Micuna fue rubricada en un templo de la porteñidad, el Café Tortoni, en una ceremonia a la que prestaron expresa adhesión representantes de todos los sectores vinculados con la inteligencia argentina, incluidos unos cuantos abnegados agentes de inteligencia de la SIDE, los cuales expresaron su beneplácito por la creación del movimiento quitándose por un rato, discretamente, sus gafas oscuras. Un gesto conmovedor.

Defensa de la burrez

Sólo una de las personalidades presentes en el Tortoni reprochó con acritud las intenciones de la flamante entidad. Se trata del filósofo iconoclasta Eutanasio Peribáñez, para quien la cultura es el más pernicioso vector de discriminación social. "Si nacemos ignorantes y analfabetos, ¿por qué contradecir a la naturaleza? Si disponemos de sabiduría suficiente para crecer y multiplicarnos, ¿a quién le importa que energía sea igual a masa por velocidad de la luz al cuadrado?", había interrogado Peribáñez, días atrás, a sus discípulos de la peña oscurantista Seamos Burros, de la que es presidente honorario.

No le faltan razones al prestigioso pensador para creer que el individuo culto es intrínsecamente transgresor y contestatario y se la pasa predicando, en cuanto oasis encuentra en el desierto, en favor de la ignorancia y de la mediocridad. "Caray -tremoló Peribáñez-, la ignorancia y la mediocridad constituyen la materia prima del conformismo, ese eficaz analgésico, tan útil para amodorrar conciencias, obnubilar la voluntad de superación, diluir broncas populares y conducir a la mansa y beatífica resignación. En tiempos de crisis, la cultura y la educación son armas peligrosísimas."

Peribáñez creyó que el mundo se le venía abajo cuando, el miércoles 12, al Micuna se le apareó otra nueva organización, el Foro para la Defensa de las Industrias Culturales, nacido en el Centro Cultural General San Martín con intención de "proteger y fomentar la producción de bienes intelectuales", según anunció Norma Aleandro. "¿Producción de qué? -estalló el filósofo-. Lo único que le faltaba a este país es que la revolución productiva empezara por la cultura."

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