Seguridad

Hugo Caligaris
Hugo Caligaris LA NACION
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9 de diciembre de 2001  

"A mí, 250 pesos me tienen que alcanzar. Siempre me manejé con poco efectivo, sobre todo porque estoy viviendo en una de las ciudades más inseguras del mundo. Nosotros tenemos un jefe de gobierno que es muy facherito, pero que jamás se ocupó del tema de la seguridad."

(De Sonia Cavallo, esposa del ministro de Economía, en declaraciones a Radio Mitre.)

Las callecitas de Buenos Aires están cada día más inseguras. Ya no es sólo la incertidumbre que nos asalta al tomar un taxi. Ni tan siquiera la sensación de que hay ojos clavados en nosotros cuando intentamos convencer al cajero electrónico de que nos devuelva parte de nuestro dinero, ni el aroma de catástrofe en ciernes que tiene cada regreso nocturno al hogar. No, ahora la seguridad ha desaparecido por completo: el ministro de Economía ha escapado a su vigilancia y anda suelto, listo para caer sobre nosotros en cualquier esquina con otra medida inesperada.

Ahora bien: hay precauciones que podemos tomar para no caer como palomas en las garras de los desconocidos de siempre. Aunque el intendente se preocupe exclusivamente por mantener su estampa de galán y se olvide inclusive de la seguridad de las señoras que admiran su facha, podemos comprar cadenas y cerrojos, instalar alarmas, contratar guardaespaldas para que nos acompañen en el taxi, visitar al cajero disfrazados de Rambo. Pero, ¿cómo defendernos del ministro de Economía, que constituye, como venimos diciendo, la amenaza más grave e inminente?

He aquí un par de ideas y consejos elementales: por su seguridad, evite en las próximas semanas contemplar el televisor o escuchar la radio, porque desde allí puede asaltarlo el ministro anunciando ocurrencias geniales y maravillosas rectificaciones. Prohíba a su cónyuge, a sus hijos y amigos la mención del apellido ministerial durante las comidas. Si por azar le toca encontrarse cara a cara con él, evite mirarlo fijamente a los ojos. Llegado ese caso extremo, no intente ganar su simpatía ni, mucho menos, enfrentarlo, debido a sus reacciones imprevisibles. Simplemente, entréguele todo lo que tenga y márchese. Después de todo, a usted todavía le quedarán las riquezas ilimitadas de su mundo interior, y eso nadie podrá quitárselo.

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