Semana 20 de 2003

Por Esteban Peicovich
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18 de mayo de 2003  

CSM fue. Lo echó la historia. Su semana final la inició con Charly en el hotel Pesadilla. Pasó del duelo al dúo y en surrealista acople Nemem-García cantó "Asesíname". También coplas de burla a "la secta Hare Kirchner". Pero detrás de la risa había mueca. Partió el roquero, subió al piso 19 y allí (harta) la íntima persona le hizo crac. Fue encender la TV y sentir el entero spot de Agulla reventarle en la cara. (Bíblicamente habría que decir "Y por vez primera conoció la vergüenza"). Fue subitáneo. Y brutal: CSM no volvería a ser el mismo. ¿Trabajó Agulla para Kirchner? No se sabe. Pero el delirium tremens de esos desocupados haciendo de extras y poseídos por el "Vamos Menem" lo tumbó. Ningún anuncio de campaña exhibía las patas de la mentira de modo tan obsceno. Ese aullido denunciaba a un sponsor tahúr. Sintió vergüenza ajena. Pero era de sí. Menem empezó a perder confianza en Menem. Cabreado, cambió de canal. Y como "mosca de la televisión" el spot volvía una y otra vez. Ante defensas bajas (narciso herido, biografía en llamas) el "Vamos" hizo estragos: removió un resto (virtual) de su conciencia. Lo justo como para que su oído percibiera adherido al "Vamos Menem" el eco creciente de un "Andate" letal. Dudó. ¿A qué verbo respondía ese "vamos"? ¿A resistir, a quedar, a ir? Su aceitado aparato de mentir se atascó. Dedicó la noche a decapitar "traidores". Y a la gilada: salió al balcón. Temblaba el lobby : puja de cúpulas. Algo la calle: sudor del Tula. Nada había ya. Del pasado sultanato, pizza, champán y añicos. Allí entendió que "vamos" era "irse". Y en patético simulacro de virrey Sobremonte se zambulló en su jet con la renuncia in péctore. El tamaño del cielo le recordó la inmensidad del poder perdido. Le resucitó el ex ego y exigió regresar. "No queda mucho combustible". Hecho trapo, CSM balbuceó su última homilía sobre el curso de los acontecimientos: "Sólo a un borracho se le puede ocurrir que yo me vaya a bajar". El piloto no le hizo caso. Actuó según manual. Pidió pista. Avisó a control que traía pasajero borracho. Y lo bajó.

NK porta 57 años, apellido que significa "sacristán" y cuerpo filiforme cortado a tijera (más silueta que estampa). Su cara filosa enlazó imagen con célebre aviador de comic que (por hacer looping ) apodábase Lupín. Lo heredó. También "Lupo". No le molesta ser estrábico. ("Vinieron a sugerirme operar el ojo para mejorar la imagen. Si serán pelotudos"). Criado en Santa Cruz, diplomó de abogado en La Plata, militó de romántico progre primero y de pícaro populista después. Intendente de Río Gallegos (1987-1991), asumió declarando 22 inmuebles de patrimonio. Su gestión cambió la ciudad y Cristina Fernández su vida (en 1976). Ella (vuelo propio) se alzará hasta el poder provincial y él (ya senador) discutirá ("pejotista") la hegemonía del Gran Turco. Reelegido tres veces (agendar sanitariamente este dato), administra con éxito a 200 mil habitantes en páramo igual a media España. Mete en freezer suizo suculentas regalías locales y prorratea el bienestar como ningún otro colega federal. Cavallo le otorga una cocarda: "Es el mejor alumno del Modelo". López Murphy, un misil: "Es un magnate petrolero". Patagónico profesional, es el político argentino que menos puede creer en lo que le pasa. Cien días atrás era solo una insinuación. Hoy (Duhalde mediante), un pasaporte a la esperanza. De su patria chica arrastra lamparones: 1) maniobrero; 2) clientelista; 3) alérgico a la prensa; 4) comprador de votos, y 5) autoritario. Ahora tiene por delante cuatro años para desmentirlo. La pegajosa tómbola política del 27 de abril lo dejó segundo en el compacto pelotón. La huida del "mal mayor", primero. A NK "se le dio".

Puede regresarnos al camino. Reparar lo deshecho. Ser un Roosevelt tardío del sur. O derrapar (e irnos todos con él al infierno). Prolijo cuidador de su anterior casa de gobierno ("una pinturita") fue frugal a la hora del bautizo: "La Rosadita". Altri tempi . Lo de hoy es subir al potro de Rivadavia. De un salto. Sin diminutivos. Y sofrenarlo en la luna.

epeicovich@fibertel.com.ar

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