Semana 21 de 2003

Por Esteban Peicovich
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25 de mayo de 2003  

Mientras el mundo (por su atasco) se aburre de sí mismo, hay noticias de la especie que piden título catástrofe (y no lo obtienen). Ahora mismo, mientras delegados de Naciones Unidas parlotean para no acordar, en las sabanas del Congo un sujeto estremecido contempla cómo la etnia agricultora lendu se come a la etnia pastora hemas. No le resulta nuevo. No hace mucho, en Ruanda, la orgía caníbal de tutsis y hutus le mostró un millón de muertos. Solitario, el chimpancé se pregunta cómo es que sus pares (primates que se pasaron de rosca: nosotros) no han resuelto esto. No es delirio. Se venía meneando y la ciencia lo anunció esta semana. Un mono es más pariente directo que un cuñado. Que descendíamos, era eufemismo. Que contenemos mono (degenerado, pasado de rosca), un hecho. Es pena. Ibamos para primate y un degradante plus nos (des)hizo humanos y nos desarregló la persona. La especie colapsó. Tema mayor no hay (y la ONU no lo tuvo jamás en su agenda). Pasa que en algún instante del sendero genético algo cliquea, la hélice enloquece y en vez de matrizarnos chimpancé, escupe Aznar o Bush o Arafat (y la ONU no lo trata). Caín, Atila o Eichmann lo fueron por sobredosis fatal de 0,6% en su ADN. (Y la ONU no lo trata.) Pudieron haber sido honorables chimpancés (y nosotros, también) Esto es, individuo armónico y pacífico dado a vegetar en florestas gloriosas (a salvo del timo del Paraíso y de tener que pagarlo en incómodas cuotas terrenales). Es probable que el adefesio vital que somos se deba a este lascivo, avaro 0,6% que nos etiquetó como faber, ludens, vulgaris y para bellum. Al chimpancé, no. Compartimos 99,4% del ADN común. Pero él carece del indeseable 0,6% extra. Y ésa es su ventaja. Querer ser más que mono, nos maleó. Por este plus fue que terminamos aplastando niños en Bagdad, hundiendo torres en Nueva York, inventando el FMI, desnutriendo chicos en Tucumán o birlándoles a 25 millones de argentinos su voto. Hay que enviar mails a Kofi Annan para que ya Pan Proglodytes se integre a la ONU. Es más homo que nosotros. Puede salvar al mundo.

A nosotros, en cambio, nos salvará salir de la modorra de 193 años. La renovación ha venido y nadie sabe cómo ha sido. Habemus (al fin) museo local. Sala I: Alfonsín. Sala II: Menem. Sala III: Duhalde. Y "salitas": Cafiero, Bravo, Moreau, Altamira, Zamora, Reutemann y así. Son un montón. Ex bombero 2002 (devenido piloto de tormentas 2003), Duhalde dona tinglado que armó para su ego (y que su ego declinó). Ungió delfín y también equipo de emergencia para eludir próximo tornado de 6 mil millones de dólares. Se fue indultando dos extremos (Seineldín y Gorriarán Merlo) y compró Lapa. Y se va Ruckauf, pero "a lo bestia": nombrando a 5 empleados "suyos" choferes en el exterior a 5000 dólares mes. Avanti Beliz: debute, humille y luzca.

Kirchner hoy se calza la bota de las siete leguas. Con gabinete "de acción". Así lo ven: "Es el 22%" (López Murphy). "Respetables" (Maestro, UCR). "Idóneos" (Ocaña, ARI). "Merece respeto" (Rodríguez Saá). "Más de lo mismo" (Zamora). "Continuista" (Altamira). NK dispone de 100 días para conmovernos o demolernos. Parece tenerla clara. De "chirolita" muy poco: neutralizó a Duhalde antes de asumir. No es ingenuo. Podría resultar romántico (y entrar a rebobinar como ya le empiezan a criticar a Lula). Va su credo: 1) "Crecer y no ajustar"; 2) "Recaudar y no perdonar"; 3) "Revisar las tarifas"; 4) "Reprogramar la deuda"; 5) "No vender ilusiones". Apostó fortísimo. Hoy entalca zapatos, toma la pértiga y se manda por la tensa cuerda del Fondo. Los cocodrilos hacen "krueger, krueger".

Se inicia la semana 22. El día es matriz. Hoy (como hace 193 años) se trata de lo mismo: de saber. La plaza rebalsa. Son 37 millones. Hay esperanza y fe. La frase "asoma al mundo una nueva y gloriosa nación" pide chapa, pintura y acción sensible. Ni pacmen. Ni robots. Ni charlistas. Primates sin falla de origen.

epeicovich@fibertel.com.ar

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