Semana 26 de 2002

Por Esteban Peicovich
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30 de junio de 2002  

Nuestra modernidad es decididamente fósil. Apareció hace 200 años (a finales del virrey Cisneros), pero no cumple edad. No crece: vegeta. Y de tanto en tanto se despatarra y (como vinchuca) nos incendia el corazón. Se asienta en dos gemelos que resisten la prueba de la historia. Impiden hacer. Uno, lento y falaz. El otro, rapaz y pícaro. Ambos pujan a rabiar. A este incordio matriz le debemos el progreso interrupto. La escasa quimera, el irse por las ramas, la larguísima lágrima y el suicida bla bla. Sociedad encorsetada, impedida de darse un mínimo y convivible ser nacional. Sobran signos que anticipan una nueva y espectacular actuación de los gemelos: balbuceo oficial, parloteo opositor, regreso del "muerto vivo", violencia con variaciones y sorpresiva brujería. Los famosísimos gemelos argentinos entrenan entusiastas. Son ellos. Los únicos. Los que le cortan el hipo al mundo. Los que promueven turismo sadomasoquista a nuestras costas. Venga, entre, habite, conviva. Vea cómo es reír y llorar en simultáneo. No quedan más localidades.

La semana 26 recordó el blow up del cuento filmado de Cortázar. Fue la intifada piquetera con dos muertos por bala. Pero la abyecta tapadera fracasó: las fotos regresaron a muertos y asesinos al instante fatal. Una prueba más. Y van... Nuestra coja democracia se acerca a las dos décadas, pero ni cuaja su cacareado clon de la Moncloa ni mete a su endiablada policía en caja. No la del concreto mártir diario caído en la balacera. La otra. La telaraña omnívora y letal. Han pasado cinco presidentes. Ella queda. Lo suyo es la tarea invisible e impune. Tapar AMIA, Cabezas, piqueteros y cien sangrientos etcéteras más. El ejercicio ilegal de la medicina (o de la abogacía) es delito. El de la policía, no. Felipe Solá parece dispuesto a enfrentar al dragón. Veámoslo.

El mundillo económico mantuvo su inocuo bisbiseo desatanudos que no desata nada. Lavagna buscó imitar al Hombre Araña descolgándose desde el ático al interior del Fondo. Blejer se dora olímpico en las arenas blancas de Dubrovnik, y Piano (el cambista, elevado por la presión de los movileros a ministro matutino de Economía) ajusta su lectura de la borra del café para vaticinar el posible vuelo verde de nuestro cuco diario. No más. En economía, no más. Oráculos de Broda, vaciado de reservas, encendido de velas y la única verdad revelada que la explica: es de 508.296 millones de pesos (o si se prefiere, 127.074 millones dólares) la suma de capital argentino que no apostó por el solar natal (como el brasileño), sino por el mundo. The rest is silence .

En el avispero político, la obsesión de siempre: acomodarse en las gateras: 1) Terragno practicó en la pista de arena de Gesell relojeado por Storani; 2) la mimética Bullrich corcoveó ante una patada de López Murphy; 3) Zamora decidió probar en cuadreras; 4) Carrió se juega entera a ganar el Premio 50º Aniversario de la Muerte de Eva Perón, y 5) Reutemann se fue en aprontes, que es lo suyo. La calle, en tanto, no piensa ni en pingos ni en jinetes. Tiene un solo candidato. Es Juan Ninguno: el 40%. Pero no corre.

Sorprende en la City un vía crucis surrealista que ejecuta en el tiempo de una semana un novísimo personaje. Se trata del colero. El más flexibilizado y creativo faquir laboral: adquiere en propiedad virtual un metro cuadro de espacio y lo vende a diario a quien mejor le pague. Tras lo cual conquista y coloniza otro metro. Y así, vuelta a empezar. Manduca, duerme y medita in situ. Es el obrero Guinness 2002. Trabaja de corrido desde la noche del domingo hasta el viernes por la tarde. Y sueña descansar a partir del 9 de Julio. Cuando empiece la fiesta. Es que así se lo anunció el presidente en su programa. No, en ése no. En el de radio.

E-mail: peicovich@palabristas.com.ar

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